NUEVA YORK – “¿Quién dijo que la República Dominicana no podía ser un fenómeno mundial?”, anunció desde el escenario El Alfa a la mitad de su primer concierto en el Madison Square Garden, mientras banderas dominicanas rojiazules ondeaban entre el público de miles de personas. El rapero de 30 años, cuyo nombre de nacimiento es Emanuel Herrera Batista, tiene buenos motivos para celebrar. La noche del viernes, el embajador global del dembow se convirtió en el primer artista del género en agotar las entradas del histórico recinto.
Esto no solo representó un éxito personal, sino un punto de inflexión para el movimiento del dembow que él ha encabezado desde hace más de una década: un sonido callejero que contiene historias enredadas del Caribe. El dembow dominicano es un género musical de la diáspora africana que nació en los barrios negros y de clase trabajadora a las afueras de Santo Domingo a finales de los años noventa y principios de los 2000, inspirado en los riddims (la palabra patuá para “ritmo”) del dancehall jamaicano, que son su base principal. Sin embargo, en lugar de permanecer en una bruma líquida y lenta, los productores del dembow aceleran el tempo a la velocidad de la luz, hilando y alternando distintos riddims mientras los raperos declaman rimas vertiginosas y eléctricas. Después, los mezcladores de ritmos, o “beatmakers”, cortan y duplican los ganchos, o “hooks”, en el coro, a fin de que la canción sea lo más citable y pegajosa posible.
En cuanto a la letra, el dembow es un espacio creativo donde los artistas siempre inventan sus propios vocabularios y argots de transformación. El género acoge la euforia de los placeres cotidianos, como el sexo, el baile y la juerga. Como es de esperarse, a menudo se ha usado como chivo expiatorio para los problemas sociales de la República Dominicana, una crítica sustentada en el racismo y el clasismo. Las élites tachan al dembow de ser un semillero de delincuencia, drogas y “desviación sexual” y lo califican como una forma de expresión simple y vulgar, tal como ha sucedido en la historia de la mayoría de los géneros musicales que nacen de la adversidad. El gobierno dominicano suele censurar las canciones de dembow que considera “explícitas” y “obscenas”. Al igual que muchos géneros, el dembow también debe enfrentarse a su pasado y presente patriarcales, pero es demasiado sencillo y estrecho de miras reducirlo a pura lascivia o misoginia. El dembow también es un gesto de resistencia, una negación a someterse a las formas coloniales y “correctas” de ser, hablar y vivir.LS