Los negocios céntricos de las ciudades, acostumbrados a depender de los oficinistas, que desayunaban, almorzaban y compraban cosas en la zona, corren peligro de muerte al prolongarse el teletrabajo debido a la pandemia del COVID-19.
Algunos ya cerraron y los que sobreviven apelan a todo tipo de medidas para atraer clientes: Tratan de vender por la internet, cambian sus horas y la cantidad de personal, e incluso lo que ofrecen al cliente. Otros apuestan a los residentes de la zona, suponiendo que haya gente que vive en ese barrio.
Es una dinámica que se repite en las ciudades de todo el mundo.
Muchos negocios pensaban que ya habrían reabierto para esta altura del año. Pero al prolongarse las restricciones y las empresas postergar sus planes de volver a la oficina como consecuencia de nuevos brotes del coronavirus, los negocios céntricos se dan cuenta de que los ajustes hechos a título temporal pueden terminar siendo permanentes.
En el centro de Detroit, por ejemplo, la tintorería de Mike Frank se estaba quedando sin dinero y sus días parecían contados. RC