Perdido y solo en uno de los rincones más remotos de las extensas selvas tropicales de Brasil, al menos Antonio Sena sabía lo que más temía: “los grandes depredadores del Amazonas: los jaguares, los cocodrilos y las anacondas”.
Pero al piloto de 36 años no solo le preocupaba ser la próxima comida de un animal letal. Tenía que hallar alimento, agua y un refugio.
Era una tarea aterradora y temía que, tras su accidente aéreo, tardarían días en rescatarlo.
Lo que Antonio no sospechaba era que lucharía por sobrevivir, hambriento y solo, durante más de un mes.
Aterrizaje forzoso
“Mayday, mayday, mayday … Papá, Tango, India, Romeo, Julieta está cayendo …”. Así comenzó el último mensaje radial de Antonio…MG