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Trump vs. Biden: los granjeros de Wisconsin que cambiaron el muro de Trump por un “puente” con México

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Trump vs. Biden: los granjeros de Wisconsin que cambiaron el muro de Trump por un “puente” con México

De pronto, la carretera se acaba y desaparecen los nombres y números que la identifican. En su lugar, una sola letra y un camino sin asfaltar, por el que cruzan los animales sin prestar atención al tráfico y alguno que otro yace muerto en la vía.

Alrededor, vastos campos verdes y dorados… y unos pequeños carteles que sobresalen en el terreno, con frases difíciles de leer desde el auto.

“Se trata del medio ambiente”, parece decir uno de ellos. “Se trata de ti”, continúa el siguiente.

Al fondo, la respuesta a mis dudas, en la verja de una de las primeras viviendas que me encuentro en el camino: “Vota el 3 de noviembre. Wisconsinitas por Biden”.

A diferencia de los carteles pro-Trump, este es el primero que veo a favor del candidato demócrata a la presidencia de EE.UU., Joe Biden, en decenas de kilómetros. Y casi el único de ese gran tamaño.

Pie de foto,Además del voto a Biden, la familia Rosenow colgó frases de Alexander Hamilton (“Quienes no defienden nada, acaban creyéndose cualquier cosa”) o James Baldwin (“La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia”).

“Son cosa de mi mujer… Yo soy el manitas”, dice bromeando el granjero John Rosenow en el jardín de su casa y sin soltar a su pequeño perro, que gruñe a la extraña hasta que se le da algo de cariño.

Rosenow dice ser la “excepción” en esta pequeña localidad rural de Wisconsin, Waumandee, una de las que le dieron la sorprendente victoria a Donald Trump en 2016 y que estas elecciones también serán determinantes.

El estado de Wisconsin llevaba sin votar por un candidato republicano desde los años 80 pero lo hizo por Trump por un estrecho margen de votos; un viraje que se dio, entre otras cosas, por el apoyo de enclaves rurales como éste.

“En realidad, mi familia y yo llevamos siendo la excepción 100 años”, dice con cierto orgullo el granjero.

Pero hay algo en lo que su familia también destaca en este lugar: un proyecto con el que, mientras se intensificaba la retórica antinmigración de Washington, él y otros compañeros conseguían derribar barreras entre EE.UU. y México.

Lo llaman “Puentes” y es la antítesis del muro de Trump.

Un sector falto de mano de obra
“Por ahí va Roberto. Luego lo conocerás, ayer estuvimos jugando al golf. Está muy enganchado… como yo”, dice riendo Rosenow al principio de la entrevista, apuntando al vehículo industrial que acaba de cruzar por la vía más cercana y cuyo estruendo corta nuestra conversación.

En el transporte, uno de los trabajadores mexicanos que más años lleva en este “rancho” de producción láctea, seis; y el que mejor parece manejarse con el inglés.

tractor en la granja de Rosenow.
FUENTE DE LA IMAGEN,T.G.
Pie de foto,
Roberto Tecpile lleva seis años en la granja de Rosenow.

“Está aquí desde las 4:00 am dando de comer a las vacas”, explica el granjero a media mañana. Más de cuatro horas después, Roberto seguirá allí.

En este martes de septiembre, la actividad en la granja de Rosenow, “Rosenholm Dairy”, parece funcionar como un reloj, a pesar de que el “patrón”, como le llaman sus empleados mexicanos, pase parte del día enseñando las instalaciones a esta periodista de BBC Mundo.

La situación actual es radicalmente distinta a la que vivieron en los años 90, cuando nadie parecía querer trabajar aquí y los empleados que encontraban no eran del todo fiables, por lo que Rosenow desayunaba en su cocina con la mirada puesta en el granero, por si alguien volvía a fallar y tenía que ir a suplirle.

“Era 1998, ya no podíamos encontrar gente localmente, así que decidimos emplear a inmigrantes a regañadientes”, recuerda el septuagenario, que suele levantarse a las 3:30 am para estar a las 4:00 listo para trabajar, con su característico peto de rayas.

John Rosenow en el jardín de su casa.
FUENTE DE LA IMAGEN,T.G.
Pie de foto,
Rosenow también es descendiente de inmigrantes.

“El primero que contraté fue a través de una empresa de Texas y fue fabuloso. Trabajó dos meses, pero se sentía solo, porque era el único mexicano en unas 100 millas a la redonda, así que se marchó”.

Fue el inicio de un flujo de inmigrantes, muchos de ellos indocumentados —si no la mayoría—, que ya no cesaría y que acabaría salvando su granja y la de muchos otros, en un momento de grave escasez de mano de obra y ante un mercado complicado en plena globalización

El número de inmigrantes trabajando actualmente en el sector es difícil de establecer. El último estudio nacional realizado hace cinco años para la Federación Nacional de Productores de Leche estimó que representan el 51,2% de la fuerza laboral y que las granjas que emplean a inmigrantes producen el 79% del suministro lácteo de EE.UU.

En el sector agrícola en general, los latinos representan el 27,5%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. publicados en 2019.

Los mexicanos resolvieron el mayor problema en Waumandee, realizando trabajos duros —de 4:00 a 17:00 o más, y en temperaturas que en invierno pueden caer por debajo de los 10 grados bajo cero—; pero presentaron un nuevo desafío.

“Me di cuenta pronto que no saber español y nada de la cultura era un aspecto realmente negativo para mí. Si iba a ser un buen empleador, necesitaba saber todo eso”, dice Rosenow, recordando algunos momentos que le frustraron y que hoy considera graciosos.

Acudieron entonces a la profesora de español de secundaria de la zona, Shaun Duvall, pero ella enseguida vio que con clases no bastaría y propuso un “viaje de inmersión” a México.

Rosenow reconoce que antes de ir le parecía absurdo (“¿por qué hacer tantos kilómetros con las tecnologías que tenemos hoy en día?”), pero casi dos décadas después, no duda: “Fue una experiencia reveladora”.

Pie de foto,Rosenow ha viajado en diez ocasiones a México.
Y es que en ese primer viaje, al que se sumaron 15 granjeros y cuya agenda consistía en clases por la mañana y por la tarde, lo que se presentó como una idea casual —visitar a las familias de sus empleados durante uno de sus días libres— acabó convirtiéndose en revolucionario.

“Un veterano periodista en México me contó que nunca había visto algo igual”, subraya Rosenow sobre esa visita espontánea, que sus empleados latinos no pueden arriesgarse a hacer. Su situación irregular lo convierte en un peligro: si consiguen salir, quizá nunca puedan volver a entrar.

“Le dije a [la profesora] Duvall que no podíamos dejar que esto muriera, así que condujimos a todas partes, dimos charlas y recaudamos dinero para ayudar a respaldar la idea y a la gente a ir. Unas 150-200 personas, la mayoría granjeros, han ido [a México]; yo unas 9 o 10”.

El activismo de Rosenow también le ha llevado en diversas ocasiones a Washington, donde se manifestó y presionó por los derechos de sus trabajadores, muchos de ellos condenados a vivir en las sombras.

Puentes en la era Trump

La jovial Mercedes Falk aparece en la granja y todos los empleados latinos se giran a saludarla. “¡Hola! —dice ella en perfecto español— ¿Nos vemos luego en la clase de inglés?”

Esa misma tarde estará impartiendo un curso gratuito para los trabajadores que quieran o puedan asistir, una iniciativa impulsada por Rosenow. La materia se imparte en la cocina de la propia granja, una suerte de sala de estar, con un sofá y un pequeño escritorio de madera, que hoy acogerá a tres empleados.

Pie de foto,Falk es la directora de “Puentes” e imparte clases de inglés o hace de intérprete en granjas de la zona.
“Yo he estado ya cuatro veces en México. Y en todas las ocasiones fue conmovedor, sobre todo ver las reacciones de los padres. Dicen: ‘No sabía que mi hijo tenía un jefe que se preocupara tanto para recorrer todo este camino hasta aquí'”.

Falk asumió la dirección de “Puentes”, la organización sin ánimo de lucro que crearon para derribar barreras, en 2017, tras enamorarse de la vida en el campo y abandonar su vida urbana, en su Milwaukee natal.

Los viajes que realizan han cambiado mucho desde que empezaron en 2001: ahora el objetivo no son las clases de español, sino la visita a las familias.

“Solemos pasar 7 días: varios días enteros de visita a los familiares, alguno de descompresión y algo de turismo en la zona cercana a los pueblos donde viven los allegados”, explica Falk….MP

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