Por: Politóloga Joliany Lira– La crudeza tan abrupta en la que la pandemia del COVID-19 sumió a la humanidad en menos de 60 días a todos los hemisferios del planeta, nos ha hecho volvernos testigos y jueces voraces del accionar político de todos los líderes del mundo, y fue precisamente en el seno de una de las potencias económicas más aclamadas donde inicia la debacle epidemiológica, demostrando medidas demoradas para contener dicha epidemia, por cuanto se hizo inevitable la infestación y por ende la globalización del problema.
Al día de hoy, todos los presidentes del mundo se ven obligados (porque ya tienen una situación crítica en su país) y otros forzados por antecedentes de otras naciones; a tomar decisiones que garanticen: primero, creación de un cerco epidemiológico para contener la expansión del virus; segundo, la adecuación improvisada de un sistema de salud que no está en mayor o menor medida preparado para esta situación (ningún país lo estaba); tercero y último la atención social inmediata a sectores vulnerables sanos que no deben exponerse fuera de sus hogares.
Las medidas de contención en casi todos los países se han ejecutado bajo un protocolo estándar que consiste en la cuarentena (parcial o completa), toques de queda, clasificación de atención médica de acuerdo a la gravidez y la campaña de prevención. Sin embargo, hay medidas que han tomado algunos líderes que van más allá de la atención de los enfermos, sino a la atención a la población sana para aliviar preocupaciones financieras inmediatas (inamovilidad laboral, congelamiento de precios, suspensión de pagos fiscales, crediticios y mobiliarios, asignación económica, entre otras) que evidentemente tendrán implicaciones macroeconómicas para las naciones en el corto y mediano plazo.
No hay que ser economista para entender que habrá consecuencias, pero los ciudadanos en democracia solo exigen responsabilidad de sus líderes (comida, enseres, protección económica) y la forma más tácita de hacerlo es mediante estas manifestaciones. Nombres de líderes se repiten constantemente en las redes sociales por haber viralizado su mensaje, ganando fanáticos o detractores: Nayib Bukele de El Salvador, Donald Trump de Estados Unidos, Emmanuel Macron de Francia, Vladimir Putin de Rusia, entre otros. Mientras que en otros países, poco es lo que se dejan ver los líderes y delegan en sus secretarios o jefes de gabinete ser la cara de las decisiones que les harán ser aceptados o rechazados por su pueblo.
Las necesidades humanas en cualquier situación son ilimitadas y los recursos escasos, así que es en este momento donde la humanidad demanda de líderes gerentes que administren eficientemente los recursos existentes, con criterios equitativos de distribución y atención a sus necesidades, y aunque sabemos de solo escribirlo que es un reto casi imposible, pues muchos gobiernos sumidos en corruptelas carecen de estructuras que entiendan cómo cubrir a sus ciudadanos, es momento de volvernos observadores pero además partícipes de la solución con gestos de solidaridad entre los ciudadanos, pero además árbitros justos si en nuestras manos reposaran competencias para aliviar las familias víctimas de esta catástrofe de dimensiones globales.
Aunque algunos quisieran tener presidentes distintos, es que según el principio de autodeterminación de los pueblos cada país tiene cada 4 o 5 años la posibilidad de hacer un cambio, y es la ruta que no debemos desaprovechar, mientras eso ocurre seamos ciudadanos justos, solidarios y responsables, veedores y duros jueces ante las injusticias, que denuncien las irregularidades institucionales.
¡Seamos nosotros los líderes que necesita la humanidad el día de hoy!
Dios los bendiga (#Quédateencasa).
Politóloga Joliany Lira
Consultora en Planificación Estratégica