
Era domingo y me bajaba del vehículo del Listín Diario en medio de la Autopista 30 de mayo esquina Luperón. Me asombré cuando vi tantas carpas de colores, el tumulto de la gente y vendedores ambulantes. Acababa de llegar al mercado de La Pulga. Me llamaba la atención y me quedaba mirando fijamente cómo debajo de un elevado había tantas personas vendiendo todo tipo de artículos y enseres.
Primero me encontré con un señor que hace apuestas en una ruleta: un número ganador por una botella de ron. No sabía que el mercado de La Pulga también funcionaba para casinos improvisados. Pensaba que solo se vendía ropa, zapatos y artículos para el hogar. Por eso, le pedí al fotógrafo, Adriano Rosario, que captara el oficio de este hombre.
Cuando él notó que era fotografiado se molestó y me dijo “¿Tú nunca has visto esto?, mejor váyanse a hacerle fotos al presidente al Palacio y aquí no vengan a buscar donde no hay”. Le expliqué qué hacía ahí, entablamos una conversación fluida y al final hasta un abrazo de despedida me dio.
Entre carpas y carpas, no perdía de vista lo que vendía cada quien a precios baratos. En ese afán por encontrar datos, vi a un hombre que comercializa correas de piel usadas. Él me contó cómo funciona todo: los vendedores comienzan a llegar a las 3:00 de la mañana cada domingo, empiezan a colocar sus mercancías donde les corresponde y se sientan a esperar a sus clientes.
Su nombre es Ramón, era muy amable. Se puso feliz cuando nos vio allí. Gracias a él supimos que los vendedores tienen que pagar de RD$50 a RD$100 semanal para que una brigada de la Alcaldía recoja la basura a las 5:00 de la tarde. Además, defendía en su conversación lo que se vende en el lugar porque es de calidad y tiene precios cómodos.