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Los aborígenes esconden el secreto que evitaría la catástrofe en Australia

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Los aborígenes esconden el secreto que evitaría la catástrofe en Australia

Australia está viviendo una de las Navidades más difíciles de su historia. Los incendios repartidos por todo el país han destrozado ya cinco millones de hectáreas, una extensión similar a la de Bélgica. Alrededor de 11 personas han fallecido, miles de hogares han sido destruidos por las llamas y varias especies animales están están en peligro constante. Conducir por las carreteras de muchas zonas de los estados de Victoria y Nueva Gales del Sur requiere una planificación previa y monitorear si el trayecto cuenta con algún foco activo por si es necesario cambiar el itinerario. El paisaje australiano es color sepia y el extenso humo atraviesa las fosas nasales.

El problema de Australia con los incendios masivos es constante. Los más recientes son: ’Sábado Negro’ durante 2009, donde se registraron 173 víctimas mortales; el ‘Miércoles de Ceniza’ de 1983, donde fallecieron 75 personas o el ‘Viernes Negro’ de 1939, en el que perdieron la vida 71 ciudadanos. La diferencia es que los fuegos pasados se produjeron entre enero, febrero y marzo, es decir, al final del verano austral; mientras que los actuales se han adelantado a septiembre, durante la primavera. El calentamiento global, con unas temperaturas que en muchas ocasiones superan los 45 grados centígrados, la sequía y los incendios ‘controlados’ son los elementos de los que más se habla como causas de estos fuegos masivos. Lo que apenas se menciona es la ignorancia, el cómo el colonialismo europeo ha destrozado en 200 años lo que los aborígenes crearon en 60 mil.

Bill Gammage es un historiador australiano y autor del libro ‘The biggest estate of Earth’, publicado en 2011, y en el que trata precisamente de cómo los pobladores originarios de Australia tenían una sabiduría que ha sido despreciada por la prepotencia de los colonizadores.

“Durante 60 mil años, los aborígenes no ignoraron ningún rincón del país, desde los desiertos a los bosques pasando por los afloramientos rocosos a lo largo del continente. Esto hasta que llegaron los colonizadores británicos y comenzaron a destruir todo su trabajo desde que llegaron en 1788. La increíble destrucción que los colonizadores blancos han provocado en el paisaje es imperdonable y guiado por la ignorancia. En la actualidad no hay excusas”, escribió en su libro.

Si se tuvieran en cuenta las estrategias de conservación y técnicas de los aborígenes, quizás los incendios en Australia se podrían haber evitado desde hace décadas. El problema es que la necedad y la prepotencia suelen ir de la mano, y en eso los colonizadores británicos fueron expertos.

Los primeros habitantes del país oceánico trataron su tierra como un jardín. Lo cuidaron y le dieron forma para garantizar continuidad, balance, abundancia y algo que también brilla por su ausencia en la actualidad: predictibilidad. Después de recopilar testimonios de miles de aborígenes, y de analizar pinturas y dibujos de 1788 y algunos años posteriores, Gammage llegó a la conclusión de que, desde la llegada de los europeos, ese jardín que siempre estuvo bajo supervisión de cientos de tribus indígenas repartidas por Australia, comenzó a crecer a sus anchas. Las Montañas Azules, unos de los símbolos del país, aparecían en las pinturas con más hierba que árboles y arbustos. Había menos eucaliptos, que básicamente son combustible para los fuegos, y menos frondosidad de la vegetació

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