La explotación infantil de la que nadie habla: carreras de caballos en Indonesia

0

Es habitual que se dejen de llamar a las cosas por su nombre cuando la tradición justifica determinadas acciones. Los eufemismos brillan siempre que se pretenden suavizar conceptos, por eso, en Sumbawa, Indonesia, cuando la gente se refiere a las carreras de caballos en las que participan niños de cinco a 10 años de edad, casi nadie habla de explotación infantil. Para las familias que apenas llegan a fin de mes, el que sus hijos se monten en un caballo mientras portan un casco de Hello Kitty es una costumbre que ya de paso, si el crío es bueno y suficientemente ligero, les otorga unos beneficios que pueden llegar a doblar el salario mínimo mensual en tan solo un día.

Tradición, costumbre, necesidad, todo vale para justificar los peligros a los que se someten a estos niños que dejan de ir a la escuela para formar parte de unnegocio de lo más lucrativo. Después, el que tengan un accidente, o no, es algo que dejan en las manos de Allah. Una caída puede ser fatal a la velocidad de estos caballos, a los que además les dopan con sustancias que incrementan su vigor y fortaleza. Los ingredientes para este arriesgado cóctel los ponen seres de carne y hueso, mientras que la fatalidad se la atribuyen a la divinidad. Un clásico.

Ser jockey profesional a unas edades tan tempranas es una tradición de lo más arraigada que, en esta parte del mundo, se pasa con orgullo de generación en generación. Pero los tiempos han cambiado. A finales de la década de los 90, los corredores tenían de 10 a 14 años de edad unos márgenes que ahora han disminuido según publicó The New York Times y reprodujo The Independent. La razón de bajar la edad de los participantes es porque pesan menos y las posibilidades de ganar incrementan, una situación que resulta demasiado golosa para familiares y propietarios de los caballos.

Montan a un pequeño de alrededor de 5 años sobre un caballo. (Ulet Ifansasti/Getty Images)

Cada semana se celebran más de 300 carreras y los niños pueden cobrar de 3.50 a 7 dólares en las rondas iniciales. Esta cifra se dobla si se clasifican para la final e incluso pueden llegar a alcanzar extras de alrededor de 70 dólares en un día. El salario mínimo de un mes es de 140 dólares. Ganar las carreras otorgan un primer premio que consta de una motocicleta valorada en 1,200 dólares, un segundo premio una vaca con valor de 500 dólares y otros regalos como televisores y refrigeradores. En esta región marcada por la pobreza, estos suculentos obsequios son demasiado golosos como para pensar en un concepto como explotación infantil.

La aplicación de las leyes en Indonesia es de lo más volátil. A pesar de que las apuestas son ilegales, durante las carreras se mueve mucho dinero en los graderíos y la presencia policial sirve, primordialmente, para limitar el flujo de dinero, no para prohibirlo. Las autoridades ni siquiera ponen el foco en el hecho de que decenas de niños de alrededor de cinco años de edad están siendo sometidos a una clara explotación infantil en lugar de ir a la escuela. Aunque las Leyes de Educación Nacional regulan que el acceso a los colegios debe ser gratis, éstos imponen tarifas adicionales a los estudiantes para cubrir algunas actividades. Esos gastos extra impiden que muchos menores puedan atender.

Las leyes sobre el trabajo de los menores apenas se aplican en éste y otros ámbitos en los que se usan a menores para el beneficio de los mayores. En Indonesia también se pueden ver a los más pequeños ser víctimas de los abusos laborales en la prostitución, el trabajo de separar escombros en plantas de basura, en el gremio del aceite de palma, en la industria de los fuegos de artificio o en granjas de tabaco. Esa es precisamente la justificación que usan las familias, el hecho de que sus hijos no están siendo usados para otros menesteres, sino para formar parte de unas carreras que le dan un rango de más clase a este tipo de explotación infantil.

DEJA UNA RESPUESTA

Dejar un comentario
Please enter your name here

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.