Los bancos centrales resucitan la fiebre del oro y disparan su precio

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Corría el año 2007, las hipotecas «subprime» estaban a punto de desatar la mayor crisis financiera de los últimos años y el entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, justificaba tajante la venta de más del 32% de las reservas de oro de España: « Ya no es una inversión rentable». Años después, con la crisis financiera dando jaque a la estabilidad del euro, el metal se convirtió en refugio de los inversores, bancos centrales incluidos, duplicando rápidamente su valor. Algo similar está ocurriendo ahora, aunque no de manera tan extrema. En esta ocasión, los tipos de interés negativos y el recrudecimiento de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos se han unido al renovado interés de los entidades y explican que el precio del oro se haya revalorizado en torno al 25% desde octubre.

Se calcula que en total acumula unas 3.000 toneladas, cifra que deja pequeña la reserva de los hogares alemanes. Según una encuesta realizada por el Centro de Investigación sobre Servicios Financieros Steinbeis a petición del Reisebank, los ciudadanos acumulan en este país alrededor de 8.918 toneladas de oro en casa, 246 toneladas más que en 2016. El sondeo, realizado con una muestra de 2.000 ciudadanos, estima que, de esa cantidad, 4.928 toneladas forman lingotes y monedas, mientras que el resto compone piezas de joyería. Pero los compradores más activos actualmente en el mercado son los bancos públicos.

«No es nada difícil de explicar», señala Steve País, Gerente de Cartera de Franklin Equity Group, «estamos en un contexto de tasas de interés negativas, además de las guerras comerciales y de divisas». «El oro ha recuperado una importancia estratégica y es muy rentable por el aumento de demanda, que puede apreciarse disparada en Reino Unido, donde se ha convertido ya en la moneda de crisis del Brexit», dice por su parte Ross Norman, director de Sharps Pixley, miembro de Degussa.

La falta de opciones para invertir es otra de las grandes causas que explican el aumento de valor del metal. «El entorno de reducidos tipos de interés ha llevado a más de 15 billones de dólares de deuda a cotizar ya con una rentabilidad negativa. Los datos cada vez más preocupantes procedentes de la inversión y el sector manufacturero han llevado a los bancos centrales a cambiar el tono de sus mensajes hacia uno más acomodaticio, y esto ha dejado a los tipos en mínimos. Una parte de los inversores han ido desplazando parte de sus carteras a este activo», explican los analistas de Afi en un informe. Además, si hasta ahora los bancos centrales europeos se ponían de acuerdo para coordinar sus ventas de oro, grandes operaciones en las que se fueron desprendiendo de gran parte de sus reservas, este verano han decidido no renovar el acuerdo suscrito en 1999 y que expira el próximo 26 de septiembre, por lo que cada una de las entidades adoptará una política propia.

El citado acuerdo fue suscrito hace 20 años y renovado en 2004, 2009 y 2014, por el BCE, el Banco Nacional de Bélgica, el Bundesbank, el Banco de España y los bancos centrales nacionales de Estonia, Irlanda, Grecia, Francia, Chipre, Letonia, Lituania, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Austria, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia, Suecia y Suiza. Ahora, sin embargo, sus responsables «ya no ven la necesidad para un acuerdo formal, ya que el mercado se ha desarrollado y ha madurado».

 

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