El máximo responsable de las finanzas públicas mexicanas cree que no habrá una rebaja de la calificación de la deuda este año
Mediodía del viernes. El secretario (ministro) de Hacienda de México, Carlos Urzúa, recibe a EL PAÍS en un receso de la convención bancaria de Acapulco (Guerrero, suroeste) en mangas de camisa y con cara cansada. Es una de las primeras citas con un medio de comunicación desde que asumió el cargo, el pasado 3 de diciembre. Tanto él —máximo responsable económico del Ejecutivo de Andrés Manuel López Obrador (Morena)— como su mano derecha, Arturo Herrera, aprovechan la mayor cita financiera anual para exponer sus planes a los inversores extranjeros. Quieren evitar más sobresaltos: primero fue la cancelación del aeropuerto y ahora, la indefinición sobre el futuro de Petróleos Mexicanos (Pemex). De lo que ocurra con la firma estatal depende en buena medida la salud de las finanzas públicas a corto plazo: la calificación de la deuda mexicana está en juego. Habla una de las voces de mayor confianza del nuevo presidente en lo económico
.Pregunta. ¿Es el rescate de Pemex el mayor desafío económico para el Gobierno mexicano?Respuesta.
Es una empresa que tiene problemas financieros a corto plazo. Pero también creo que tiene un gran futuro, sin exagerar. Hay nuevos yacimientos muy importantes de crudo relativamente fáciles de extraer y varias cosas que puede hacer a medio plazo. Pero en el muy corto plazo Pemex tiene una deuda excesiva, muy grande [107.000 millones de dólares, la petrolera más endeudada del mundo] y eso puede hacer que tenga problemas en el refinanciamiento en los próximos meses e incrementar la percepción de riesgo por parte de todos los inversionistas. Es un reto buscar la manera de ayudar a Pemex.