“Cuando llegué a casa, papá y mamá no sabían qué hacer conmigo. ¿Y ahora?”, se pregunta Mallko, un niño con síndrome de Down desde las páginas dibujadas por su padre, Gusti, autor e ilustrador argentino residente en Barcelona. “No somos angelitos” (Océano) desmiente algunas de las creencias más difundidas en torno a los niños con síndrome de Down: que siempre están felices, que no se entristecen ni se enojan, que no mienten, que no hacen travesuras ni se burlan de los demás.
No son angelitos, ni seres mágicos, ni enviados del cielo. Son niños, parece decir Gusti en cada página, a contrapelo de mitos y estereotipos. “No es mentira que son afectuosos, que son muy sociables, que no tienen cinismo, pero también son súper testarudos, a veces agresivos y tienen una actitud de llevarte la contraria muy fuerte. No es fácil convivir con el síndrome de Down”, describe desde Cataluña, a pocos días de venir a la Argentina para presentar el segundo libro sobre su experiencia como papá de Mallko, un niño que hoy tiene 10 años.
Años atrás había publicado “Mallko y papá” (Océano), una suerte de diario íntimo de alta intensidad emocional que recorre el campo minado que va del impacto -y ese primer momento dolor, tristeza y desconcierto-, a la aceptación, el aprendizaje y el amor incondicional. A través de dibujos, textos, collages e ilustraciones propias y de su hijo, Gusti le entrega al lector un texto conmovedoramente bello y honesto sobre el modo en que la llegada de un hijo con discapacidad puede revolucionarlo todo (y poner las cosas en su lugar) y llevar a los padres de la no aceptación a la aceptación. “A veces, con los hijos, pasa como con el dibujo: no te sale como lo imaginabas”, escribe y dibuja. Eso me ocurrió con Mallko: no era lo que había imaginado. ¡¿Por qué no supe reconocer que estaba bien?!”, se pregunta el autor en las primeras páginas, con la rabia que esconde el dolor.
Desde las primeras líneas, Gusti preanuncia lo que vendrá: la pregunta sobre el “por qué” y esa primera reacción que solo es el comienzo de un viaje distinto y extraordinario. “Recuerdo hace unos años haberle pedido al universo, al gran espíritu o como quieran llamarlo, la oportunidad de experimentar el amor incondicional. Nada de pequeñas aproximaciones, sino el amor verdadero. Se ve que hay que tener cuidado con lo que uno pide porque se te concede”. Y cada página es, como diría Roberto Arlt, un cross a la mandíbula.
Gusti, que vive en Barcelona y se considera medio argentino y medio catalán, fundó la asociación WinDown hace cuatro años, centrada en el arte como forma de integración. Trabaja como director creativo en el estudio de diseño La Casa de Carlota, que incluye en su equipo a personas con síndrome de Down y a estudiantes de diseño. En 2016 el jurado del Premio Bologna Ragazzi declaró como ganador en la categoría de Libro sobre discapacidad a “Mallko y papá”. Además de presentar su libro “No somos angelitos” (el martes 27, a las 18, en Librería El Ateneo, Florida 340), Gusti viene a la Argentina a dibujar para un cortometraje animado que ganó un concurso en el INCAA, basado en el libro Mallko y papá. La Nacion