Pero no son solo los políticos del partido quienes visitan este edificio. Los lobistas y empresarios también cambiaron los salones del Ritz o el Four Seasons por los pasillos del hotel Trump con la esperanza de toparse con un asesor del presidente o mejor todavía, con uno de sus hijos, y así conseguir una vía de entrada al Despacho Oval. Este hotel también sirve como el único refugio para los republicanos, al vivir en una ciudad en donde el 93% del voto fue para la demócrata Hillary Clinton.
De todos modos, Patricia Tang, directora de ventas y marketing del hotel, sostiene en una entrevista con el diario El País que su estrategia para captar clientes “no se enfoca en ningún grupo de personas en particular”. “No tenemos nada que ver con la Administración Trump. El hotel tiene éxito por su localización en el centro de la ciudad y por el histórico edificio que ocupa, así como el extraordinario servicio que ofrece nuestro equipo”, defiende. Pero, desde que Trump, rodeado de su familia, inauguró el hotel de 263 habitaciones como un acto de campaña el pasado octubre de 2016, el hotel es parte de la nueva política de la capital.
La empresa del magnate tenía acumulada una pérdida de 2,1 millones en el primer año. El proyecto consistió en restaurar con 200 millones de dólares el histórico inmueble donde antes se encontraba la oficina de correos de la capital. Pero con un ingreso medio de 650 dólares por huésped -la tarifa más cara de Washington-, el negocio de los Trump ya arrasa. Los beneficios también derivan de quienes desean cenar en BLT Prime, el único restaurante que el presidente ha visitado desde que está en la capital, ubicado en una terraza interior que asoma al vestíbulo desde la segunda planta. Muchos degustan un solomillo Kansas City de 566 gramos cortado por la mitad y en su punto, el plato favorito del magnate.
Abogados y demócratas ya han presentado demandas por el conflicto de intereses que supone para el presidente recibir beneficios de un hotel que lleva su nombre. Pese a que el republicano se desligó de la empresa familiar tras ganar las elecciones, sigue siendo recipiente de sus beneficios. Los problemas son mayores cuando estos provienen de gobiernos extranjeros, algo que es ilegal según la Constitución. Según ha prometido el hotel, dichos ingresos serán donados al Tesoro a fin de año.
