
Con esta estructura tributaria, Google que ahora está integrada en Alphabet, logra eludir los impuestos estadounidenses por la repatriación de beneficios, así como de las retenciones en la Unión Europea, que representa la mayor parte de los beneficios del grupo fuera de EE UU. Esta estrategia permite al grupo disfrutar de una tasa efectiva del impuesto de sociedades de tan solo el 6% de los beneficios obtenidos fuera de Estados Unidos.
Un portavoz de la compañía se limitó a señalar que la compañía cumple con la regulación fiscal de todos los países en los que opera.
Bajo el foco de las autoridades europeas
La lucha contra evasión fiscal de las grandes compañías es actualmente uno de los principales puntos de la agenda de las instituciones europeas. Precisamente Google ha estado sobre el foco de estas instituciones que la han presionado por su planificación fiscal agresiva.
Los directivos de Google tuvieron que declarar la semana pasada en el comité de fiscalidad del Parlamento Británico. Tras una investigación que se ha prolongado durante seis año, la compañía estadounidense alcanzó un acuerdo con la Hacienda británica por el que pagará unos 172 millones de euros en concepto de impuestos atrasados por los beneficios obtenidos en Reino Unido entre 2005 y 2015.
El gigante tecnológico se comprometió a tributar en las islas por todos los ingresos que obtenga por la publicidad de compañías radicadas en suelo británico. El acuerdo sienta un precedente para que otros Estados puedan exigir lo mismo a Google, así como a otras multinacionales igualmente criticadas por su agresiva política fiscal.
EL DOBLE IRLANDÉS Y EL SANDWICH HOLANDÉS
Las grandes corporaciones se sirven de múltiples técnicas de ingeniería tributaria para esconder sus beneficios al control del fisco. Algunas multinacionales como Apple o Google, que trasladan sus ganancias a las islas Caimán, solo pagan cerca del 3% de sus beneficios mediante complejas estructuras societarias desplegadas por varios países, sirviéndose de paraísos fiscales para ello.
Las dos técnicas más comunes son conocidas bajo el nombre de doble irlandés y el sándwich holandés, términos con los que los expertos fiscales se refieren a este tipo de prácticas. El doble irlandés consiste en que una multinacional crea dos sociedades filiales en Irlanda, cuyo impuesto de sociedades es solo del 12,5%.
Una de estas firmas se domicilia en Dublín (A) y la otra, por ejemplo, en las islas Bermudas (B), jurisdicción con la que Irlanda tiene un convenio especial. La matriz traslada las patentes y los derechos sobre su propiedad intelectual a la sociedad domiciliada en Bermudas (B). La filial europea radicada en Dublín (A) factura al resto de Europa pero carga los beneficios contra la sociedad de las Bermudas (B), que le factura cantidades millonarias por los derechos de propiedad convenientemente inflados, a través de los royalties. El siguiente paso sería aplicar el sándwich holandés, que consiste en constituir otra sociedad en Holanda (C), país con un tratamiento especial para los holdings de empresas y que tiene suscritos multitud de acuerdos de doble imposición con algunos paraísos fiscales.
En paralelo se crea una cuarta sociedad, otra filial de la matriz, en las Antillas Holandesas (D), ni siquiera requiere tener una plantilla ni una organización administrativa. Solo requiere el nombre de un administrador. Como el traspaso de dividendos y plusvalías está exento desde Irlanda a otro país europeo, la sociedad de Dublín (A) traspasaría los pocos beneficios que le quedan tras pagar los royalties a la sociedad de Bermudas (B) a la filial de Ámsterdam.
Las autoridades holandesas permiten trasladar los beneficios al paraíso fiscal mediante un acuerdo con el que al final solo se paga cerca del 2% de impuestos. “Con esta estructura los millonarios beneficios por la propiedad intelectual se irían a Bermudas y los dividendos se trasladan a las Antillas”, explica José María Peláez, inspector de Hacienda.