
Harlem Suárez, el segundo cubano en expresar simpatía por el Estado Islámico, se declaró inocente el martes ante la Corte Federal de Miami de acusaciones de intentar montar un ataque con un artefacto de destrucción masiva, y de suministrar apoyo material al grupo terrorista que controla porciones de Irak y Siria.
Suárez, de 23 años, compareció ante el magistrado federal Patrick White, ataviado en un uniforme caqui de detenido, con las muñecas esposadas y los tobillos encadenados.
Fue su abogado, Richard Francis Della Fera, el que le dijo al juez que su cliente era inocente y que exigía ser enjuiciado por un jurado federal para probar su inocencia.
La declaración de Suárez tuvo lugar durante una audiencia donde el acusado fue instruido de cargos, luego que un gran jurado federal emitiera un encausamiento que añade una nueva acusación en su contra, además de la de poseer un artefacto de destrucción masiva.
El nuevo cargo se refiere a que supuestamente Suárez trató de alentar a otros a apoyar al Estado Islámico mediante un video de reclutamiento.
Suárez, que llegó con su familia de Cuba en el 2004 cuando tenía 12 años, está recluido en una unidad de aislamiento en el centro de detención del downtown de Miami.
Es el segundo inmigrante cubano en el sur de la Florida en declarar su simpatía por el Estado Islámico este año. El primero fue Miguel Morán Díaz, de 45 años, que se declaró culpable de posesión ilegal de armas de fuego y que fue sentenciado el 27 de julio a 10 años en la penitenciaría federal.
En ambos casos, los investigadores federales se fijaron en los cubanos porque los dos habían expresado su interés y simpatía por el Estado Islámico en sus páginas de Facebook.
En el caso de Morán Díaz, una denuncia penal del FBI citaba a un informante diciendo que el cubano había hablado de introducir un rifle con una culata plegable a un estadio y de convertirse en francotirador para crear caos en la ciudad.
En el caso de Suárez, una denuncia penal del FBI citaba a un informante diciendo que el cubano había propuesto llevar a cabo un ataque en una playa pública. La denuncia también decía que un agente encubierto del FBI había prometido a Suárez darle el precio de montar una bomba dentro de una mochila.
El informante luego le dijo a Suárez que el costo de hacer una bomba sería de $100 si el cubano suministraba algunos de los materiales tales como la mochila, clavos y una teléfono celular para usar como detonador, según la denuncia penal.
Poco después, cuando Suárez se dirigía a una reunión con el informante, se detuvo en un Home Depot donde compró dos cajas de clavos galvanizados, según la denuncia penal. En la reunión, Suárez le entregó al informante las cajas de clavos, un teléfono celular, una mochila y $100 como pago por la construcción de la bomba, según la denuncia penal.
Fue esta situación la que sustentó el principal cargo en el encausamiento que el gran jurado federal presentó y con el que Suárez fue instruido de cargos el martes. El cargo mayor es que Suárez tenía la intención de utilizar un arma de destrucción masiva.
El segundo cargo, que Suárez proporcionó apoyo material, recursos y personal al Estado Islámico se basa en la acusación contenida en la denuncia penal de que el 23 de mayo Suárez y el informante se encontraron en un motel de Homestead para elaborar un video de reclutamiento a favor del Estado Islámico, según explicó el abogado defensor Della Fera.
Della Fera ha dicho que Suárez es un joven de poca inteligencia que se obsesionó con el Estado Islámico no porque lo apoyara ideológica o religiosamente, sino porque aparecía todos los días en la televisión. También insinuó Della Fera que fue alentado a hacer el artefacto explosivo por el agente encubierto y el informante.
Por su parte, familiares y amigos de Suárez en Cayo Hueso, donde vivía con sus padres, han dicho que es un joven ingenuo.
Afirman que Suárez es un tipo pacífico, despreocupado y trabajador que tiene la capacidad mental de un niño de 12 años. Creditos El Nuevo Herald