A Natalia Manso le cuesta seguir el hilo de las denuncias idénticas que le ha interpuesto su exmarido en la laberíntica justicia de Perú, donde su caso ejemplifica el acoso judicial, otro tipo de violencia machista practicada de manera silenciosa pero sistemática en este país.
Esta española residente en Lima desde 2011 ha pasados los dos últimos años entre comisarías, fiscalías y juzgados, una agotadora batalla legal frente a los 11 procesos judiciales que le abrió su expareja, de los que se ha tenido que defender con otras 7 querellas.