La joven policía Nyein desertó después del golpe de Estado en Birmania y se entrena desde entonces con la guerrilla en una de las Fuerzas de Defensa del Pueblo, milicias ciudadanas que infligen habitualmente golpes al poderoso ejército birmano.
Antes del amanecer, la joven sale corriendo hacia las neblinosas colinas del estado de Kayah, en el este del país. Se abre paso por el barro y se detiene, con un palo de bambú a la espalda como si fuera un arma.
Como ella, un centenar de nuevos reclutas, estudiantes, funcionarios o vecinos de la zona se han integrado en uno de los campos de entrenamiento de las Fuerzas de Defensa de las Nacionalidades de Karenni (KNDF), el antiguo nombre de este estado.