
Todo el mundo se detuvo y miró a Keiko Sakurai, quien inmediatamente se dio cuenta del error que había cometido.
Ocurrió hace años, cuando Sakurai trabajaba como auxiliar de contable en una gran empresa de Japón.
El hombre (quien le gritó) era su cliente, un ejecutivo de una compañía de servicios energéticos que rondaba la cuarentena.
Y, según el protocolo tradicional japonés —respetar a tus mayores; mostrar deferencia al trabajador de mayor jerarquía— ella sabía que él podría justificar haberle alzado la voz.
El hombre había estado criticando sus métodos de contabilidad mientras tomaba unas copas después del trabajo junto a sus colegas.
Sakurai se defendió diciendo que sus prácticas eran las adecuadas.
Pero el hombre continuó quejándose. Así que Sakurai afirmó que sus métodos cumplían lo estipulado en el contrato.
“Fue entonces cuando me gritó”, recuerda Sakurai.
“Rompí las normas de la jerarquía y contradije a mi superior. Incluso aunque yo tenía razón no estaba en posición de contradecirlo“.
No importaba que los métodos de Sakurai fueran los correctos o que aquel hombre aprobara la mayor parte de su trabajo.
Según la jerarquía laboral japonesa, un feedback positivo es algo que se escucha muy raramente.
Los negocios en Japón se manejan según sus propias normas, diferentes a las de los países occidentales o incluso a las de otras naciones asiáticas.
Y, para quienes trabajan por primera vez como directivos en Japón, la manera adecuada de explicar a sus empleados su evolución en la empresa puede resultar chocante.LS