
Sus fotografías muestran lo mejor del paisaje dominicano. El Caribe en todo su esplendor. Su formación como biólogo, y el registro histórico que su lente ha captado por casi cuatro décadas, sustentan su afirmación de que en República Dominicana “no hay una política ambiental coherente y seria”.
¿Qué te motivó a convertirte en fotógrafo conservacionista?
Soy biólogo. La fotografía y la biología vinieron juntas desde mi etapa de cazador y pescador submarino a pulmón. Me adentraba en los montes y mares en busca de presas y disfrutaba de ese mundo natural lleno de vida. Con una pequeña cámara de 35 mm, una Yashica Electro y luego una Canon Ftb, hacía fotos para mostrar las presas y los lugares. Esas andanzas por el mundo natural, en lugares remotos y a veces vírgenes, detrás de animales conociendo sus costumbres y hábitats, me motivaron a estudiar biología.
Cursando la carrera en los 80 trabajé como curador de la División de Invertebrados del MNHN (Museo Nacional de Historia Natural). Nuestras salidas al campo para colecta y el estudio de especímenes nos llevó a muchos lugares, donde fotos de las especies y su entorno eran necesarias…
Así conocí gran parte de la geografía nacional y me involucré más en la fotografía como herramienta de estudio y hobby. Luego salí del Museo y a principios de los años 90 entro al sector publicitario.
Para mantener el vínculo con el medio ambiente continúo haciendo fotografías de conservación cuando salgo en viajes de campo y/o de estudio, con las organizaciones donde soy miembro, como Grupo Jaragua y Fundación Moscoso Puello.