
Cuando la antigua colonia portuguesa de Macao, ahora convertida en un centro chino de apuestas, eligió a un nuevo jefe ejecutivo en octubre, la votación del comité electoral fue unánime. No tuvo contendientes. Nadie tomó las calles para protestar.
Cuando los jóvenes activistas solicitaron un permiso para manifestarse a favor del movimiento de protesta que transcurría en la región vecina de Hong Kong, las autoridades se lo negaron… cuatro veces. Cuando de todas maneras unas cuantas decenas se presentaron en agosto en el centro histórico de Macao, la policía arrestó a siete de ellos.
En la actualidad, Macao, al igual que Hong Kong, es un experimento político que comenzó a fines de la década de 1990, cuando China reclamó ambos territorios a las potencias occidentales coloniales y prometió que las libertades civiles podían coexistir con su sello de gobierno autoritario. Ahora, mientras continúa la agitación política de Hong Kong, el Partido Comunista gobernante en China se ha vuelto cada vez más explícito acerca de cuánto tolerará bajo esa fórmula… y usa a Macao como un excelente ejemplo de obediencia.
“Lo más importante es implementar y salvaguardar el control absoluto del gobierno central”, dijo este mes en un discurso sobre Macao, Li Zhanshu, el tercer funcionario en categoría de China, quien preside la política para ambos territorios.
En comparación con Hong Kong, Macao ha aceptado más fácilmente la autoridad suprema de Pekín en temas de política nacional bajo la fórmula “un país, dos sistemas” que se aplica en ambos casos. Además, en su mayor parte, los 670.000 residentes de la ciudad la han aceptado, ya sea por convencimiento o por coerción por parte de la China continental.
“Después de 20 años en Macao, es difícil notar las divisiones claras entre los dos sistemas”, señaló Sou Ka Hou, uno de los 33 diputados de la Asamblea Legislativa de Macao y quien, a sus 28 años, es el líder de una nueva generación de la oposición demócrata.
El dirigente chino, Xi Jinping, llegó el 17 de diciembre a Macao en una visita de tres días para conmemorar el aniversario número 20 del “regreso de ese territorio a su tierra natal” en 1999, tras más de cuatro siglos de dominio portugués. Su visita, anunciada en los medios de comunicación estatales de China, lleva el mensaje implícito de que la satrapía tiene sus recompensas.
“Como solíamos decir: a los niños que se portan bien, les damos un premio”, comentó Larry So Man-yum, profesor jubilado de Trabajo Social en el Instituto Politécnico de Macao quien ahora es asesor en materia de adicción a las apuestas. “Y Macao se porta bien”.
Para los dirigentes chinos, Macao ofrece la respuesta a la sediciosa obstinación de Hong Kong, ubicada a 65 kilómetros al este, donde las protestas que comenzaron en junio contra un proyecto de ley que permitiría la extradición a China se han convertido en una campaña contra la violencia policial y la transgresión constante del Partido Comunista a las libertades de la ciudad.
En Macao, más de la mitad de la población nació en China continental; millones más vienen a apostar a los casinos de la ciudad, los cuales son un motor de la economía. En todos los edificios gubernamentales ondea la bandera china. Las escuelas utilizan los libros de texto de China. Nadie abuchea el himno nacional chino, como lo hacen habitualmente los manifestantes de Hong Kong.
Lo más importante es que los dirigentes políticos de Macao han adoptado leyes que reprimen a la disidencia, incluyendo una de 2009 que criminaliza la subversión contra el Estado de China. En Hong Kong, una legislación similar fracasó gracias a las protestas de 2003, pero sigue siendo una prioridad fundamental para el partido.
En septiembre, el tribunal más importante de Macao rechazó una apelación para permitir que se realizaran varias manifestaciones, incluyendo una contra la policía de Hong Kong. El tribunal dictó que no estaba justificada una manifestación porque ninguna de las medidas tomadas por la policía de Hong Kong empleaba la tortura ni el maltrato, con lo que estaban repitiendo los argumentos del gobierno chino.