
El español borra a Nishikori (6-1, 6-1, 6-3) y el suizo aparta a su compatriota Wawrinka (7-6 (4), 4-6, 7-6 (3) y 6-4) y se citan en semifinales 14 años después de su primer duelo en París (2005).
Mientras Federer y Wawrinka se fajaban a hierro forjado en la Suzanne Lenglen, Nadal disfrutaba de otra tarde plácida en la Central de Roland Garros. Partícipe de su propio destino, el español se sacudía la escasa resistencia de Kei Nishikori, quien bastante hizo con salir vivo de su esquizofrénica pelea en dos actos ante Benoit Paire en cuartos de final. Con cuatro horas más en pista que su rival y mucho menos tenis en su raqueta, fue presa fácil del insaciable apetito del 11 veces campeón, que se impuso por 6-1, 6-1 y 6-3, en una hora y 55 minutos, y disputará el viernes ante Federer, que venció a Stan Wawrinka por 7-6 (4), 4-6, 7-6 (3) y 6-4, en tres horas y 40 minutos, su duodécima semifinal del torneo. Siempre que alcanzó la penúltima ronda acabó por levantar la copa. Nadal tiene un 13-2 favorable ante Federer en tierra, 23-15 en el global, pero ha perdido frente a él en los seis últimos enfrentamientos. El zurdol le ha ganado en cuatro finales y una semifinal de este torneo. [Narración y estadísticas]
Sólo la lluvia, que obligó a suspender el partido más de una hora, aplazó la ejecución de Nishikori, que se fue al vestuario a dos juegos de la derrota. El regreso le dio para maquillar un marcador rotundo. Ganó un juego, antes de que Nadal se impusiera por 6-1, 6-1 y 6-3, en un global de una hora y 50 minutos.
Desde los primeros intercambios, se percibió la extrema debilidad de Nishikori, con dificultades para golpear limpio y causar algún mínimo daño en el frente ganador. Si entre sus virtudes ha figurado siempre el carácter vivaz y el poder de anticipación, ambas apenas se dejaron notar en un partido que la grada intentó levantar con aplausos, deseosa de rentabilizar el precio de la butaca. Nadal garantiza tanto el mejor tenis que se puede ver desde hace casi tres lustros en tierra batida como la consecuente devaluación de buena parte de sus adversarios.
Mientras Federer y Wawrinka se fajaban a hierro forjado en la Suzanne Lenglen, Nadal disfrutaba de otra tarde plácida en la Central de Roland Garros. Partícipe de su propio destino, el español se sacudía la escasa resistencia de Kei Nishikori, quien bastante hizo con salir vivo de su esquizofrénica pelea en dos actos ante Benoit Paire en cuartos de final. Con cuatro horas más en pista que su rival y mucho menos tenis en su raqueta, fue presa fácil del insaciable apetito del 11 veces campeón, que se impuso por 6-1, 6-1 y 6-3, en una hora y 55 minutos, y disputará el viernes ante Federer, que venció a Stan Wawrinka por 7-6 (4), 4-6, 7-6 (3) y 6-4, en tres horas y 40 minutos, su duodécima semifinal del torneo. Siempre que alcanzó la penúltima ronda acabó por levantar la copa. Nadal tiene un 13-2 favorable ante Federer en tierra, 23-15 en el global, pero ha perdido frente a él en los seis últimos enfrentamientos. El zurdol le ha ganado en cuatro finales y una semifinal de este torneo. [Narración y estadísticas]
Sólo la lluvia, que obligó a suspender el partido más de una hora, aplazó la ejecución de Nishikori, que se fue al vestuario a dos juegos de la derrota. El regreso le dio para maquillar un marcador rotundo. Ganó un juego, antes de que Nadal se impusiera por 6-1, 6-1 y 6-3, en un global de una hora y 50 minutos.
Desde los primeros intercambios, se percibió la extrema debilidad de Nishikori, con dificultades para golpear limpio y causar algún mínimo daño en el frente ganador. Si entre sus virtudes ha figurado siempre el carácter vivaz y el poder de anticipación, ambas apenas se dejaron notar en un partido que la grada intentó levantar con aplausos, deseosa de rentabilizar el precio de la butaca. Nadal garantiza tanto el mejor tenis que se puede ver desde hace casi tres lustros en tierra batida como la consecuente devaluación de buena parte de sus adversarios.
“VOLVÍ A LA TIERRA PARA PODER JUGAR CON RAFA”
Los antecedentes del duelo suizo otorgaban a Federer una nítida ventaja. El contexto del torneo incrementaba su condición de favorito. Wawrinka tenía encima las cinco horas de partido ante Tsitsipas, mientras su compatriota había circulado hasta cuartos sin mayor contratiempo. Pocos se atrevían a discutir el triunfo del campeón de 2009, quien, además, hace tiempo que se apoderó del corazón de los aficionados.
Fue el de Basilea el primero en inquietar a su rival, con cuatro pelotas de break. que no pudo convertir. El juego profundo de Wawrinka le mantenía lejos de la red y sin posibilidad de acelerar el tránsito de los puntos. Es admirable como Stan ha regresado a la élite después de encontrarse al borde de la retirada por una lesión de rodilla. Con 34 años y tres títulos del Grand Slam, hubiera sido harto comprensible que depusiese las armas.