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EEUU castiga a Turquía sin sus F-35 por comprar misiles antiaéreos rusos

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EEUU castiga a Turquía sin sus F-35 por comprar misiles antiaéreos rusos

El enésimo desencuentro entre estadounidenses y turcos -o sea, entre el primer y segundo ejército de la OTAN- ha acabado con los primeros diciendo ‘basta’, y anunciando medidas de calado. La decisión de Turquía de adquirir el sistema de defensa antiaérea ruso S-400, rompiendo con la tradición aliada, amenaza con desembocar en un cisma mayúsculo en el seno de la organización transatlántica justo cuando Rusia y China progresan, en sendas industrias armamentísticas, y los escenarios de fricción con ambos se acumulan.

En una carta publicada este sábado, firmada por el secretario de Defensa en funciones de EEUU, Patrick M. Shanahan, para su homólogo turco, Hulusi Akar, se le informa de su intención de apartar a Turquía del programa de desarrollo del caza F-35, el avión de guerra más avanzado hasta hoy, hacia el próximo 31 de julio. Aunque la entrega del S-400 está prevista para dentro de dos meses, según la fabricante Rostec, Shanahan deja la puerta abierta. “Todavía tiene tiempo de cambiar el curso”, dice a Akar.

En otras palabras: o S-400 o F-35 y el tiempo para resolver el entuerto se agota. Por lo pronto, ha anunciado la vicesecretaria de Defensa Ellen M. Lord a los periodistas, “Turquía no participará en la mesa redonda anual de directores ejecutivos del F-35”, prevista para mediados de junio, “y las actualizaciones planeadas de los documentos de su plan de gestión se realizarán sin la participación turca”. Además, si para finales del mes próximo no hay acuerdo entre ambos países, EEUU enviará de vuelta a casa a todos los pilotos e instructores turcos que están participando en el programa de adiestramiento del avión de combate futurista. Aparte, Turquía, que pretendía comprar cien F-35 y había pagado por cuatro unidades, tendrá que resignarse a perderlas.

La gravedad del conflicto es aún mayor si se tiene en cuenta que, según señala la agencia Reuters, Turquía participa de la producción de 937 partes del aparato, mayormente del tren de aterrizaje y del fuselaje central. Por lo tanto, expulsar a los turcos supondría, para EEUU, tener que buscar fabricantes alternativos. Una tarea no tan fácil, razón por la cual Washington prevé, en caso de falta de entendimiento, que la salida de Turquía del programa del F-35 sería escalonada, a fin de no comprometer su desarrollo.

Ankara, por ahora, no da marcha atrás. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan dijo el martes pasado que la compra del S-400 estaba “fuera de toda duda”. De hecho, Hulusi Akar anunció la partida de un contingente de militares turcos, a Moscú, para familiarizarse con el ingenio militar. Una noticia recibida con cajas destempladas en la Casa Blanca, según se desprende de la carta de este sábado. Como tampoco había gustado, en Turquía, que una delegación chipriota -Chipre, con quien Turquía mantiene un conflicto desde hace más de cuatro décadas, no es miembro de la OTAN– se personara en una ceremonia de relevo en la cadena de mandos de la Alianza, a principios del pasado mayo en Bélgica. Un “error de protocolo” según la OTAN; una pulla a Turquía, según sus funcionarios.

El Pentágono ha insistido este sábado recordando que negocia con Turquía desde 2009 para la venta de baterías Patriot, con objeto de “satisfacer sus necesidades legítimas de defensa aérea”, y que está “dispuesto a asociarse inmediatamente con Turquía” para estudiar la forma de resolver las preocupaciones de su aliado ante la compra de los S-400. Las autoridades turcas han argumentado, en los últimos tiempos, que fue el rechazo de EEUU a vender sus Patriots lo que los llevó a buscar ofertas de otros proveedores, y que Rusia fue la que ofreció el mejor acuerdo.

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