En el film Pasante de Moda, Robert De Niro interpreta a un viudo de 70 años que, a pesar de estar jubilado, decide seguir trabajando y así es como ingresa como becario de un website de moda. De la misma manera, Julio Oliveira, de la misma edad, trabaja como Java developer en Intive-FDV, una empresa que desarrolla software a medida y que en Argentina tiene un staff de 170 personas, con un promedio que oscila entre los 27 y 35 años.
“Me autodenomino un dinosaurio”, dice entre risas. Oliveira, nacido en Uruguay, estudió Ciencias Económicas pero no se graduó. Desde su juventud se interesó por la informática y la programación, de ahí que fue aprendiendo por cuenta propia y realizando algunos cursos. En la década de los 90 se inició en Java y nunca más abandonó este lenguaje de programación.
Su experiencia profesional abarca varias industrias y posiciones. Incluso fue gerente en los años 70, pero renunció porque se aburría en ese trabajo ya que, según dice, su pasión es programar. “Hace menos de un año que trabajo en Intive-FDV, y llegué a esta empresa tras postularme a través de LinkedIn”, cuenta. En esta posición trabaja con compañeros que rondan los 30 años y su jefe tiene 50.
“Aunque estoy jubilado trabajo porque soy una persona muy activa. Todos los días me levanto muy temprano y estudio para mantenerme actualizado”, relata.
El caso de Oliveira es excepcional, porque muchos programas corporativos de firmas argentinas vinculados a la diversidad no consideran a los talentos maduros, aun cuando en el país hay déficit de programadores. De hecho, datos de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) indican que las empresas nacionales tiene problemas para conseguir trabajadores y cada año quedan sin cubrir 5000 puestos en las áreas de software y sistemas.
Luis Alberto Preuss es otro exponente. Con 56 años, este analista de sistemas se incorporó en febrero de este año como Analista de SAP Basis en Inclusion, una compañía especializada en la provisión de servicios IT.
Según cuenta, el promedio de edad de sus compañeros es de 35 años, aunque tiene colegas de 20. “Soy analista de sistemas pero no puedo acceder a un puesto gerencial porque las firmas suelen contratar a ingenieros para que ocupen esta posición. Por este motivo, acabo de iniciar mis estudios con el objetivo de obtener el título en cuatro años”, sostiene.
Preuss trabaja desde los 14 años y en todo este tiempo la tecnología ha evolucionado muchísimo. “Como en la facultad me enseñaron las bases para poder seguir adquiriendo nuevas herramientas, nunca me costó mantenerme actualizado”.
Este cincuentenario señala que programar hoy es mucho más fácil que en el pasado. “Antes solo teníamos libros escritos en inglés, pero desde que está Internet todo es mucho más sencillo porque hay foros y sitios en español que nos ayudan a resolver problemas. Además, los nuevos lenguajes son mucho más sencillos que los antiguos”, compara.
Ambos entrevistados dicen que no les molesta trabajar con jóvenes, y reportando a jefes mucho menores que ellos.
La potencia del estereotipo
Preuss y Oliveira opinan que la edad no debería ser un limitante para ocupar un puesto de trabajo: “Es cierto que las oportunidades laborales se van cerrando de acuerdo al paso del tiempo, pero yo tengo hijas de 20 años eso hace que esté al tanto de la tendencias. Además, soy deportista, algo que me ayuda a mantener un espíritu joven”, justifica Press, mientras que Oliveira, a quien le dicen “Julito”, sostiene: “Tener compañeros mucho más chicos nos ayuda a mantenernos joviales. En mi caso, no tengo problemas de salud, aunque trato de no estar más de dos horas seguidas frente a la pantalla porque me hace mal a la vista, por eso utilizo gotas lubricantes”.
