Michael Rijo Cuevas, con apenas 16 años de edad, jamás pensó que encontraría la muerte, junto a su hermanita en el interior de la tienda de celulares donde se aprestaba a comprarle el regalo del Día del Padre a su progenitor, el que nunca entregó.
Lo que fue un anhelo que culminaría ayer con un agrado a su vástago en una fecha tan especial, terminó convirtiéndose en un velatorio de dos hermanos, debajo de una carpa y mucha tristeza en el barrio 21 de Enero, bañado por la tragedia que dejó siete muertos y 9 heridos.
