NUEVA YORK.- Hasta ahora, nunca estuve de acuerdo con remover al presidente Trump de su cargo. Sentía con todas mis fuerzas que lo mejor para Estados Unidos era que se fuera como llegó: por la vía de las urnas. Pero la semana pasada fue un momento bisagra para mí, y creo que también para muchos estadounidenses, incluidos varios republicanos.
Fue ese momento en el que tuve que preguntarme si realmente podemos sobrevivir a dos años más de Trump en la presidencia, si el demencial comportamiento de este hombre -que no hará más que profundizarse cuando Mueller concluya su investigación- no desestabilizará nuestro país, nuestros mercados, nuestras instituciones más importantes, y por extensión, el resto del mundo. Por todo eso, su expulsión del cargo ahora debe ser una alternativa a considerar.