Hace casi dos años, Blanca Collaguazo trabajaba en una casa de familia en Brooklyn, como empleada doméstica, y aunque asegura que en los 12 meses que llevaba allí se sentía cómoda realizando los quehaceres para una pareja que la contrató, una mañana sintió que su vida pasó del cielo al infierno.
Había llegado a las 9:00 a.m., como de costumbre, la señora de la casa se había ido de viaje, y solamente estaba su jefe, quien de manera apurada le pidió que lavara primero el baño. Ella no protestó y cuando comenzó a limpiar el cuarto de baño vio a su jefe llegar detrás suyo, dominado por una mirada que parecía desnudarla y su respiración acelerada.