La sorprendente orden impartida por el Papa Francisco ha golpeado con dureza a la oposición nicaragüense: Monseñor Silvio José Báez, arzobispo auxiliar de Managua y hombre clave en la rebelión popular contra el presidente Daniel Ortegay su mujer, la vicepresidenta Rosario Murillo, debe incorporarse al Vaticano por tiempo indefinido.
De esta forma, la lucha contra el sandinismo pierde a otro de sus símbolos y, en paralelo, contenta al clan de los Ortega, que se siente mucho más cómodo con el cardenal Leopoldo Brenes. “Yo no he pedido salir, he sido llamado por el Santo Padre”, ha desvelado el obispo el miércoles en la noche.