Samuel Abdulraheem no tiene recuerdos del día que fue secuestrado, a los 7 años, de la casa de su familia en Kano, en el norte de Nigeria.
Aunque provenía de una familia grande -su padre tenía 17 hijos de sus cuatro esposas-, Samuel estaba solo con una niñera ese día.
A su familia le dijeron que había salido a andar en bicicleta.
No lo volverían a ver en los siguientes seis años.
Con entonces 21 años, ella al principio no supo de su desaparición.
A su hermano le encantaba correr para contestar el teléfono y hablar con ella cuando llamaba a casa desde la universidad.