Irma Gómez trabaja desde hace casi una década en las plantaciones del valle central de California y nunca vivió un año tan caliente como éste, cuando un colega se desplomó mientras recogían hojas y falleció.
“Preocupa, le podría pasar a cualquiera de nosotros”, dice Gómez, que en este día de otoño lleva una mascarilla para protegerse del humo de los incendios forestales, una densa neblina ocre que cubre el cielo.
El aumento de las temperaturas amenaza cada vez más a los trabajadores en Estados Unidos, poniendo en peligro su salud y también su desempeño. Y ese fenómeno tiene grandes consecuencias económicas, según dos estudios recientes sobre el tema.