Está claro que los científicos sienten placer buscando acrónimos que “suenen bien” para referirse de forma abreviada a sus técnicas o aparatos, casi siempre con nombres larguísimos e ininteligibles. No es lo mismo decir que vas a tratar a un paciente de depresión severa con una técnica llamada “Terapia Stanford de Neuromodulación Inteligente Acelerada“, a decirle que le vas a tratar con “SAINT”, nombre mucho más angelical y sencillo de recordar.
Y hablando de recordar, haríais bien en acordaros de esas siglas, “SAINT” porque si se confirma lo que los expertos del BSL (Laboratorio de Estimulación Cerebral de la Universidad de Stanford) acaban de hacer público, es posible que muy pronto los aquejados de casos persistentes de depresión puedan encontrar una cura, como ha hecho casi el 80% de los participantes en el estudio del que hoy voy a hablaros.