“No es lo mismo que yo se lo haga a un paciente que me lo pongan a mí”, dice nerviosa María Ruiz, una de los 150.000 trabajadores de la salud que recibieron la vacuna cubana contra el coronavirus, la primera concebida y desarrollada en América Latina.
“Pero siempre que sea por el bien mío y para el bien de la sociedad, aquí estoy”, añade orgullosa esta enfermera de 48 años, que acudió con su uniforme blanco y su cofia para recibir el antígeno en la policlínica Corynthia, en La Habana.