La situación que se vive estos días en la política española es insólita e inquietante.
Hace una semana, políticos y autoridades del país empezaron a recibir sobres con amenazas de muerte en forma de bala, más de 10 años después del desmantelamiento de la banda armada ETA.
El contexto en el que se produce esta ofensiva es también sorprendente: la campaña para unas elecciones regionales, las del gobierno de la Comunidad de Madrid, que se celebran el próximo 4 de mayo.
Una convocatoria electoral autonómica que se vive como si fuera de ámbito nacional y que tiene al país en un estado de crispación del que es difícil abstraerse.