
Yosbel Palacios, un ingeniero informático, no pudo trabajar. Eulis Hernández tuvo que hacer malabares para operar su billetera de criptomonedas y la doctora Zoraida López se comunicó por teléfono a la antigua con sus padres discando larga distancia para avisarles que estaba bien.
El apagón tecnológico que suspendió el servicio de internet y datos móviles en Cuba tras las manifestaciones antigubernamentales del domingo y hasta el miércoles se ha vuelto intermitente.
Las autoridades no reconocieron explícitamente que limitar el acceso a internet -sobre todo desde los celulares- fue un acto defensivo, pero acusaron a las redes sociales, y en especial a Twitter, de no haber intervenido para detener una campaña artificial armada desde Estados Unidos para provocar los levantamientos.
“Desde… los meses finales del año pasado hasta ahora (se detectaron) los numerosos actos de instigación a la violencia, a acciones terroristas que con absoluta impunidad han ocurrido y siguen ocurriendo”, expresó el canciller Bruno Rodríguez la víspera durante una conferencia de prensa.
“Se producen desde cuentas radicadas en el ciberespacio de Estados Unidos, desde dispositivos que están bajo la soberanía del gobierno de Estados Unidos, desde territorio de Estados Unidos, desde compañías y grupos… que reciben financiamiento directo del gobierno de Estados Unidos”, agregó al tiempo que advirtió que Cuba no renunciará a defenderse de una agresión “se dé en el plano en que se produzca”.
Twitter no respondió de inmediato a un pedido de comentarios por parte de The Associated Press.
Mientras tanto, en las calles de La Habana la ausencia de datos ocasionó un sinnúmero de complicaciones.