
El domingo 3 de mayo, el gobierno de Nicolás Maduro anunció que las fuerzas armadas de Venezuela habían frenado una incursión armada. La Operación Gedeón fue un intento de golpe de Estado profundamente defectuoso. ¿Qué llevaría a venezolanos exiliados y a antiguos miembros de las fuerzas especiales del ejército de EE.UU. a embarcarse en un plan que, desde el principio, parecía una misión suicida?
Esta es una historia que parece sacada del manual de estrategias de conspiraciones en Latinoamérica en el siglo XX.
“Hizo que Bahía de Cochinos pareciera el Día D”, bromeó un comentarista, refiriéndose a la fallida invasión financiada por Estados Unidos a la Cuba de Fidel Castro en 1961.
La Operación Gedeón es un asombroso cuento de arrogancia, incompetencia y traición. Las fuerzas armadas de Venezuela mataron a ocho hombres frente a la ciudad costera de Macuto (cercana a Caracas). Decenas de personas más fueron capturadas y permanecen encarceladas en Caracas. Dos estadounidenses fueron sentenciados a 20 años de cárcel la pasada semana en un juicio rápido que muchos describen como irregular. Unos pocos escaparon.
Y, coincidiendo con el apogeo de la pandemia de coronavirus, atrajo menor atención fuera del continente americano de lo que podría haber generado en otras circunstancias.
En el corazón de la misión fallida se encontraba un exsoldado de fuerzas especiales de Estados Unidos, Jordan Goudreau.
Médico, francotirador, veterano de Afganistán e Irak y ganador de tres estrellas de bronce del Ejército de Estados Unidos, Goudreau parecía estar en una situación que le venía grande.
“Se lanzó un atrevido ataque anfibio desde la frontera de Colombia”, declaró en un video ampliamente divulgado y publicado horas después del inicio de las acciones ese 3 de mayo. “Nuestros hombres continúan luchando en este momento. Nuestras unidades se han activado en el sur, oeste y este de Venezuela”.
Derechos de autor de la imagenSILVERCORPEso no era cierto. Es posible que algunos simpatizantes en Venezuela la conocieran, pero la Operación Gedeón, que lleva el nombre de un personaje bíblico que triunfó sobre un ejército mucho más grande, apenas consistía en menos de 60 hombres mal armados y una mujer. Para entonces, en realidad, la operación ya era un caos sangriento.
En 2018, Jordan Goudreau fundó Silvercorp USA, un empresa contratista de seguridad privada. Su cuenta de Instagram es una mezcla de imágenes de destreza militar y de Goudreau corriendo veloz en una máquina de gimnasio.
En febrero de 2019, fue contratado para brindar seguridad en el concierto patrocinado por el millonario Richard Branson en el lado colombiano de la frontera con Venezuela. El propósito del concierto era presionar a Nicolás Maduro para que permitiera la entrada de donaciones humanitarias a territorio venezolano, donde una economía en caída libre, la violencia, el hambre y el colapso de los servicios básicos habían obligado a millones de personas al exilio en Colombia.
Derechos de autor de la imagenREUTERS“Controlando el caos en la frontera con Venezuela donde un dictador mira con temor”, es el mensaje que acompañó el video del concierto que publicó Goudreau en las cuentas de Instagram de Silvercorp. Por “dictador” se refería a Maduro.
Esos fueron días casi felices para la fracturada y conflictiva oposición política de Venezuela.
El mes anterior al concierto, Juan Guaidó se había declarado presidente “encargado” de Venezuela. En un desafío directo a Maduro, más de 50 naciones lo reconocieron como mandatario, incluido Estados Unidos.
Derechos de autor de la imagenREUTERSGuaidó tenía la esperanza de que el convoy de donaciones apoyado por el concierto de Branson lo ayudaría a alcanzar el poder definitivo, pero todo quedó bloqueado en la frontera, en medio de violentas escenas. Un intento de rebelión a finales de abril también quedó en la nada. Entonces, adeptos a Guaidó comenzaron a considerar remover a Maduro con una operación militar quirúrgica.
La operación
El primer campo de entrenamiento se instaló en la ciudad de Maicao (norte de Colombia) en junio del año pasado.
“Teníamos hombres que se entrenaban y adquirían conocimientos, pero teníamos muchas dificultades económicas. A veces solo nos alcanzaba para proporcionar dos comidas al día, no tres”, dijo a la BBC un ex miembro del parlamento venezolano en el exilio, Hernán Alemán, antes de fallecer por covid-19 a principios de julio.
“Conseguíamos dinero donde podíamos. Yo vendí mi auto y mi apartamento”.
Esta era una conspiración que necesitaba desesperadamente dinero en efectivo. Jordan Goudreau, para ese entonces de regreso en Estados Unidos, ya estaba en contacto con la oposición venezolana.
En un viaje a Colombia, en julio, Goudreau fue presentado al general retirado Clíver Alcalá, el fundador del campo de entrenamiento y que había sido cercano al predecesor de Maduro, Hugo Chávez. Luego se peleó con Maduro y partió al exilio. Los dos machos alfa unieron fuerzas.
“Hablamos del plan, una operación táctica para capturar a los grandes actores políticos de Venezuela que serían entregados a Estados Unidos. Juan Guaidó asumiría el mandato como presidente interino, lo que conduciría a elecciones libres en Venezuela”, recordaba Hernán Alemán.
Derechos de autor de la imagenAFPGoudreau afirmó que arreglaría las finanzas y las siguientes reuniones se sostuvieron en Miami, esta vez con la comisión presidencial de Juan Guaidó, un grupo encargado de explorar en secreto formas de deponer a Maduro.
“Analizamos alrededor de 22 escenarios. Tal vez un tercio de ellos involucraba el uso de la fuerza”, afirmó Juan José Rendón (conocido como J.J. Rendón), un estratega político ferozmente derechista, venezolano, con residencia en Florida y miembro de esa comisión presidencial de Guaidó.
“No hablamos con otros contratistas militares (excepto Silvercorp), pero sí se hizo una amplia revisión. Incluso analizamos a la Legión Extranjera“, dijo.
Goudreau dijo que tenía respaldo financiero, personas que invertirían en la operación militar bajo el entendimiento de que obtendrían recompensas económicas bajo un gobierno liderado por Guaidó en Venezuela. El 16 de octubre de 2019, se firmó un contrato por un operativo “para capturar, detener o remover a Nicolás Maduro, derribar al actual régimen e instalar al presidente reconocido de Venezuela Juan Guaidó”. Goudreau recibiría un anticipo de US$1,5 millones de la comisión y después recaudaría más de US$200 millones.