
La familia Mozart no solo tuvo un genio, sino dos. Más desconocida que la de Wolfgang Amadeus es la historia de Maria Anna, que compartía con su hermano el talento musical pero los escollos que tuvo que sortear frustraron su carrera.
Su padre, el compositor Leopold Mozart, músico de la corte, comenzó a enseñar a tocar a Maria Anna cuando ella tenía solo ocho años, su hermano pequeño, con tres, estaba siempre a su lado.
Según el Smithsonian, Leopold escribió en una carta en 1764: “Mi niña toca las partituras más difíciles que tenemos… con increíble precisión y de manera excelente. Mi pequeña, con tan solo 12 años, es uno de los músicos más hábiles de Europa”.