
CARTAGENA, Colombia.- En 2020 se cumplirán ya cuatro décadas de la erradicación total del planeta de una enfermedad que causó millones de muertos. La viruela, en América, mató a más población indígena que el acero español; pero un plan de vacunación en escala global la ha dejado en el recuerdo.
Ahora otro mal que amenazó a generaciones está en camino de erradicarse aunque ese camino tiene todavía algunas piedras: se trata de la poliomielitis, que afecta las extremidades de los niños por inflamación de las neuronas motoras y que solía ser mortal por parálisis del diafragma. La sufrieron desde Frida Kahlo hasta Bruno Gelber, desde Franklin Roosevelt hasta Joseph Goebbels; y los pulmones de acero en los que se ponían a los niños afectados para que pudieran seguir respirando fueron la pesadilla de muchos padres. Si se consigue su erradicación será la tercera enfermedad que deje de existir (la segunda fue la peste bovina, en 2011).
Según la Organización Mundial de la Salud -que inició un plan a tal efecto en 1988-, está erradicada en un 99%, pero ese uno por ciento se resiste. Por un lado, existen tres países con casos de la llamada polio salvaje (Afganistán, Paquistán y Nigeria), y por otro, se dan algunas decenas de casos todos los años originados en la vacuna oral, que buscan reemplazar.
“Estamos en una transición para dejar la vacuna oral y pasar a la inactivada (conocida como IPV, inyectable), que no tiene casos derivados, pero lo cierto es que hoy no hay tanta producción mundial [para satisfacer esa demanda] -dijo Luiza Falleiros, asesora del Comité de Inmunizaciones del Ministerio de Salud de Brasil-. La intramuscular tiene problemas logísticos, de administración y de adherencia, además de más alto costo”, agregó la experta durante un encuentro con periodistas de América Latina en el marco del taller “En busca de la vacuna contra la desinformación”, organizado por la Fundación Gabo (ex-FNPI) en esta ciudad.
Unas gotas siempre son más fácilmente aplicables que una inyección. Fuentes de la industria dijeron que no habría riesgo de faltantes para los países americanos, que son provistos por el fondo rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Si la Argentina decidiera formalmente inocular solo con la vacuna inyectable, en pocas semanas se podría abastecer esa demanda -afirmaron-, los problemas serían si todo el mundo abandonara la Sabin oral al mismo tiempo”.
La Argentina, junto con otros 122 países, eliminó en 2016 la vacuna Sabin trivalente, que fue reemplazada por la bivalente (oral, tres dosis) y la Salk (inyectable, dos dosis), con mayor grado de seguridad. Para varios expertos, entre ellos, los que componen la Comisión Nacional de Inmunizaciones y la Sociedad Argentina de Pediatría, ya es tiempo de cambiar a un esquema completo con IPV.
“El problema -señaló Ángela Gentile, infectóloga argentina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez- es que se genera una dificultad al fraccionar las dosis, en algunos casos por falta de provisión y en otros, por la cantidad de veces que los padres deben llevar a sus hijos a vacunarse, lo que tiende a bajar la adherencia”. Esto último es parte de un debate mundial respecto de cuántos “pinchazos” puede recibir un bebé -y un niño en general- para mantener en alerta su sistema inmunológico frente a las amenazas de diferentes microorganismos, y no solo la polio.
La recomendación actual de IPV consta de cuatro dosis: dos para lograr una inmunización (con una no alcanza); una tercera como refuerzo y una cuarta que asegura una inmunidad más prolongada. “La erradicación de la polio requiere de la eliminación tanto de los virus salvajes como de los derivados de la vacuna oral”, agregó Falleiros.