Mecanismos de Trujillo para la represión política: Los “caliés”, piezas importantes en la estructura criminal de la dictadura (24)

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El vocablo “calié”, que forma parte del lenguaje de los dominicanos, remite a la figura de una persona común, por lo general del ámbito civil, de condiciones económicas que rayan en la pobreza, con estrechos vínculos con las autoridades y el partido de gobierno, y que recibe un sueldo proveniente del Partido Dominicano, la oficina de la Presidencia, de la Secretaría de lo Interior y Policía, o del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

El “calié” era un agente, un espía pagado con los fondos del Estado, que formaba parte de una estructura organizada y dirigida desde las altas instancias de los servicios de inteligencia del gobierno, con funciones de vigilancia, policiales, aplicación de torturas y del crimen por órdenes superiores, lo que no impedia que el pueblo, por desconocimiento de las interioridades de esa estructura, lo confundiera muchas veces con el simple “soplón” o “chivato” que apoyaba y nutría con informaciones las ejecutorias de los caliés,  a cambio de condescendencias  o magros beneficios derivados del ámbito oficial.

Los caliés  como parte de la dictadura

Carnet de identificación de los agentes del SIM que eran conocidos popularmente con el apodo de calié.

Desde mucho antes de ascender a la presidencia, en su condición de jefe de la Policía Nacional Dominicana Rafael L. Trujillo organizó una estructura de inteligencia secreta, formada con el fin de utilizarla en la persecución política, integrada por civiles y militares. Con el tiempo, ese aparato coordinado por oficiales de la absoluta confianza del gobernante, se amplió sin dejar un solo espacio de la sociedad en que no estuviera presente su actividad delatora: profanó la intimidad del hogar; se apoderó con su presencia de las calles y barrios del país; abarcó la totalidad de las oficinas del Estado; actuó sin miramiento en las instituciones castrenses y trascendió en su accionar más allá de la frontera dominicana. El pueblo identificó a esos agentes secretos con el mote de “calié”, o “caliés” cuando se trataba de más de uno de ellos.

Los miembros detectados como tales, y los que actuaban infiltrados, al amparo de la disimulación convertidos en sus contrarios, eran tenidos como simples delatores y espías al servicio de la dictadura, sin que se pudiera determinar con exactitud cuándo esas personas actuaban por encargos, recibían salarios de las instancias en que estaban adscritos, o simplemente asumían la condición de “soplones” para recoger informaciones en sus entornos sociales y familiares, con el fin de mostrarse complacientes ante el Partido Dominicano y cooperar con el gobierno por simples simpatías o dadivas, por los que eran tenidos también como “camarones”, “orejas” y “chivatos”. 

Una palabra excluida de los libros

La palabra calié, que parece fue usada en épocas anteriores a 1930, desapareció casi por completo durante los treinta años de dictadura; no así las actividades de espías relacionadas con el término. A partir de una revisión bibliográfica y hemerográfica más o menos exhaustiva, se puede determinar la ausencia del referido vocablo en los textos publicados antes de 1961, tanto por los apologistas del régimen como por los desafectos del mismo.

 Max Uribe, Diccionario de dominicanismos y americanismos: palabras y sus orígenes. Santo Domingo, Librería La Trinitaria, 2008,  p.153; [3]Rafael Alburquerque Sayas Bazán Años imborrables (Episodios autobiográficos). Santo Domingo, AGN, 2010,  p. 6; [4] Cesar A. Saillant, Memorias de Saillant: Memorias-1957-1961. (4). Año 1961 (2), p. 337; [5]Alonso Rodríguez Demorizi, Drama de Trujillo: cronología comentada Nueva Canosa. Santo Domingo, AGN,  2012, p. 255; [6] Eliades Acosta, La dictadura de Trujillo

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