Madrid,- Cada vez más hombres usan la testosterona para combatir el envejecimiento y recuperar el ímpetu sexual. En España, las recetas se han duplicado en la última década. Pero, lejos de ser efectiva, esta hormona puede causar graves daños si se usa fuera de su indicación.
Si eres hombre, rozas la mediana edad y ostentas un buen estatus económico, es muy posible que recientemente te hayas sentido interpelado por unos anuncios que, desde diferentes plataformas, te invitan de una forma más o menos velada a vivir una segunda juventud.
La publicidad sugiere que existe una especie de elixir anti-envejecimiento que, por unos 800 euros, puede eliminar tu cansancio, restañar tu decaimiento y, sobre todo, resucitar el ímpetu sexual que tenías a los 20.
En realidad, lo que están ofreciendo es testosterona, una hormona que, aunque se venda como sinónimo de virilidad y fortaleza, no es, ni mucho menos, un remedio inocuo contra el paso del tiempo.
«Están proliferando los establecimientos que ponen testosterona a hombres que no tienen ningún problema diciéndoles que así mejorarán en la cama y potenciarán su vitalidad y energía», apunta Rafael Prieto, urólogo del Hospital Reina Sofía de Córdoba y ex presidente de la Sociedad Española de Andrología. «Pero la hormona, en esos casos, no sólo no provoca estos efectos, sino que les somete a riesgos innecesarios».
La testosterona, continúa el especialista, es una hormona clave para el desarrollo sexual que también contribuye al buen funcionamiento de la masa muscular o los huesos, entre otras funciones. Desde hace décadas, se usa en la práctica clínica para tratar patologías como el síndrome de Klinefelter, que impiden la producción de testosterona en los testículos y conllevan importantes alteraciones para quienes la sufren.
Sin embargo, en los últimos años se está multiplicando su uso fuera de esta indicación, bajo la premisa de que puede contrarrestar los efectos de la edad y mantener el vigor. Este planteamiento liga directamente la bajada de los niveles de testosterona que se produce con el paso de los años con los signos de envejecimiento -como la fatiga, el descenso de la líbido, o la pérdida de masa muscular- y propone que suplir esa caída permite retrasar la llegada de la tercera edad. Pero la hormona dista mucho de ser un milagro antiaging.
La testosterona se segrega en grandes cantidades en la pubertad -cuando las concentraciones en sangre alcanzan entre 500 y 700 ng/dl-, explica Enrique Gavilanes, médico de Atención Primaria que ha estudiado a fondo el esplendor que está viviendo la testosterona. A partir de los 35, los niveles comienzan a decaer lentamente, «a razón de aproximadamente un 1% anual hasta niveles de unos 300 ng/dl en los varones ancianos. Pero no se trata de un descenso patológico. No hay por qué medicalizarlo», subraya.
«Es cierto que un varón no tiene los mismos niveles de testosterona a los 20 que a los 50, pero si sus niveles de la hormona se encuentran dentro de la normalidad, no va a tener mejores erecciones ni una mayor fuerza aunque tome hormonas», señala Prieto, al que le preocupa que la testosterona «se esté administrando alegremente», debido a sus posibles efectos secundarios.
Lejos de ser la panacea que se presenta, explica, esta hormona debe manejarse con precaución ya que, por ejemplo, puede incrementar el riesgo de crecimiento de la próstata (hiperplasia benigna) y favorecer la progresión de un cáncer prostático preexistente y que aún no hubiera dado la cara.
También se ha asociado su uso con un incremento del hematocrito (proporción de glóbulos rojos presentes en la sangre) y la tensión arterial, así como con problemas como los edemas o la aparición de signos de feminización corporal, entre otros.
Envejecer no sólo es cuestión de testosterona, pero, si te preocupan tus niveles de esta hormona, la buena noticia es que no hace falta recurrir a un fármaco para hacer que suban. La Fundación Española del Corazón te da la receta: duerme bien, reduce el estrés y haz ejercicio de alta intensidad media hora al día.
