Cooperativistas dominicanos marchan en reclamos de derechos
En una marcha demostración realizada este miércoles 12 de agosto, en demanda de su inclusión en la Carta Magna, que concluyó frente al edificio del Congreso Nacional, las Organizaciones del sector de la economía solidaria, integrado por cientos de miles de trabajadores y trabajadoras organizados en empresas asociativas, cooperativas, grupos de ayuda mutua y auto-ayuda, mutuales, fondos rotatorios de créditos, organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD), y de desarrollo comunitario, etc., demandan el reconocimiento y protección constitucional, mediante su inclusión en el nuevo texto constitucional de la República Dominicana.
Las cooperativas y organizaciones económicas asociativas como parte de la economía solidaria, cuyos principios de solidaridad, primacía del trabajo y control democrático de la gestión, realizan un significativo aporte a la economía y desarrollo social democrático del país. Contribuye al desarrollo económico del país, a través de los miles de millones de pesos generados en la producción y comercialización de productos de primera necesidad, la obtención de divisas por la exportaciones agropecuarias de comercio justo, la prestación de servicios sociales y comunitarios, así como la generación y protección de cientos de miles de empleos y autoempleos en todo el territorio nacional.
En ese sentido el sector de economía solidaria han propuesto el reconocimiento constitucional de sus derechos como trabajadores y trabajadoras y el establecimiento de un Régimen Económico que promueva y proteja todas las formas de propiedad y organización económica existentes, incluida la propiedad social, además de la pública y privada.
La ausencia de una normativa constitucional resulta violatoria de las disposiciones de la actual constitución de la República, así como de las constituciones de 1963 y 1966 que reconocen y establecen el deber del Estado en la protección y fomento de la cooperativas, lo que a su vez se traduce en desprotección de los derechos económicos y sociales de los trabajadores y trabajadoras autónomas asociados(as), quienes representan una significativa proporción de la fuerza de trabajo en la República Dominicana.
La débil protección al sector de economía solidaria tiene su expresión en estos momentos en que se pretende desconocer el aporte del sector cooperativo en el ámbito educativo, medio ambiente, salud, etc., imponiéndole administrativamente impuestos comerciales y aranceles de los que están legalmente exoneradas precisamente en razón de su responsabilidad y compromiso social.
Las Propuestas del Sector de la Economía Solidaria y Cooperativo:
Artículo 42. El Estado reconoce y garantiza el derecho a la propiedad en sus formas pública, privada, comunitaria, estatal, asociativa, cooperativa, mixta y que deberá cumplir su función social y ambiental. Toda persona tiene derecho al goce, disfrute y disposición de sus bienes. El Estado garantizará la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres en el acceso a la propiedad, factores de producción y mercados de trabajo, impulsando políticas especiales dirigidas a erradicar la desigualdad y discriminación hacia las mujeres en el ámbito económico.
Artículo 195. El régimen económico de la República Dominicana es plural, y se orienta al logro del desarrollo humano sostenible, basado en la justicia social, el desarrollo económico, la igualdad, la cohesión social y territorial, la justa distribución de la riqueza e ingresos nacionales, la sostenibilidad ambiental, en un marco de participación social, solidaridad e igualdad de oportunidades.
El sistema económico estará constituido por las formas de organización económica pública, privada, mixta, popular y solidaria, y las demás que la Constitución determine. Todas las formas de organización económica tienen la obligación de generar trabajo digno
Artículo 196. Toda iniciativa de actividad económica es libre, siempre y cuando no sea contraria al bien común. El Estado procurará, junto a los demás actores económicos, un desarrollo equilibrado y sostenido de la economía, con estabilidad de precios, tendente al pleno empleo, y al incremento del bienestar social, mediante la utilización racional de los recursos disponibles, la formación permanente de los recursos humanos, y del progreso científico y tecnológico.
Artículo 197. El Estado garantiza el pluralismo económico basado en la coexistencia de diversas formas de propiedad y de empresa: pública, privada y social. Bajo el principio de corresponsabilidad, el Estado puede, por cuenta propia o en asociación con los sectores privado y social, ejercer la actividad empresarial con el fin de prestar servicios públicos, asegurar el acceso de la población a bienes y servicios básicos y de promover la economía del país.
Artículo 200. El Estado reconoce el aporte de las iniciativas económicas populares y solidarias al desarrollo del país. Incentiva y protege a la pequeña y mediana empresa, las cooperativas, las empresas rurales asociativas, los fondos rotatorios, los fondos de ayuda mutua, las empresas familiares y cualquier otra forma de asociación comunitaria para el trabajo, la producción, el ahorro y el consumo, que generen condiciones que les permitan acceder a financiamiento, asistencia técnica y capacitación oportunos. Estas formas empresariales que son parte de la economía solidaria, se regularán de acuerdo con la ley e incluirá a los sectores cooperativistas, asociativos y comunitarios. Credito El Nuevo Diario






La Economía Social y Solidaria surge bajo una triple determinación. En primer lugar, como un conjunto de iniciativas policentradas (Gaiger, 1999) de distintos actores sociales que tratan de elaborar alternativas económicas que garanticen la reproducción ampliada de su vida (Coraggio, 2007b). En segundo lugar, como un proyecto de transformación social multifacético (Razeto, 2007) que procura construir una economía alternativa a las prácticas dominantes y el capitalismo (Gaiger, 1999). Por último, como una disciplina teórica que toma a la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad como fuerzas económicas efectivamente existentes en la realidad social (Razeto, 2007) y con posibilidades de crear nuevas formas de hacer economía socialmente eficaces y eficientes. Ello supone, en consecuencia, definir a la Economía Social y Solidaria como un movimiento esencialmente crítico –sin desconocer la existencia de otras miradas-. Desde esta perspectiva, la crítica comienza por el cuestionamiento de las estructuras económicas dominantes y las lógicas sociales que le son inherentes.
A lo largo de su historia, el capitalismo se ha caracterizado por su capacidad de producir riquezas. El capitalismo está fundado, entre otras, en la creencia de que el mercado es capaz de autorregularse para el bien de todos y que la competencia es el mejor modo de relación entre los hombres (Polanyi, 2007 y 1980). Sin embargo, esta dinámica ha sido acompañada por una constante concentración de la renta, provocando crecientes desequilibrios regionales, desigualdades sociales, miseria y exclusión. Las empresas capitalistas producen bienes y servicios para generar un excedente monetario entre el dinero invertido en la producción y el dinero obtenido mediante la venta de esa producción. Se dice que el dinero funciona como capital precisamente cuando sigue esta dinámica de auto-valorización. Pero los bienes y servicios producidos no sólo son mercancías mediante las cuales se realiza la ganancia del capitalista, también son los medios a través de los cuales las personas satisfacen sus necesidades. Sin embargo, esta condición que hace de las mercancías objetos útiles, satisfactores de necesidades humanas, está subordinada a la maximización del capital invertido en su producción. Esto significa que las empresas capitalistas producirán mercancías en la medida en que obtengan un beneficio por ello, sin importar las necesidades o las personas que dependan de ellas. Es decir, las lógicas de acumulación y lucro, consustanciales al capitalismo (Mandel, 1973), son ciegas a las necesidades humanas y a los limites de sustentabilidad ecológicas, pues sólo reconocen la demanda efectiva, por lo tanto, quien no tiene capacidad de compra no es reconocido por el capital como perteneciente al mercado (Polanyi, 2007; Rubin, 1974).
Esta dinámica social propia del sistema capitalista se ha ampliado a través del tiempo y el espacio, alcanzando en el período actual una de sus mayores crisis históricas. En este escenario, bajo diversos títulos, han emergido prácticas colectivas y movimientos sociales que propician otras relaciones económicas que tengan en cuenta la mejora en la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo, a la vez que reivindican valores alternativos. Estas prácticas económicas están fundadas en relaciones de colaboración solidaria, inspiradas en viejos y nuevos valores culturales que contemplan a la persona como centro de las actividades económicas. Estas iniciativas, sin embargo, han sido “invisibilizadas” por la teoría social (Sousa Santos, 2006). La racionalidad instrumental y utilitaria que inspira a buena parte de las Ciencias Sociales y a casi la totalidad de la teoría económica (Caillé, 1996), da cuenta del grado de complicidad de las disciplinas científicas con los modelos sociales dominantes y de la “mentalidad de mercado” (Polanyi, 1980) que subyace a sus esquemas analíticos. Las prácticas económicas que no se ajustan plenamente a estos presupuestos son definidas, en el mejor de los casos, como experiencias marginales, cuando no son directamente ignoradas. En este sentido, estas iniciativas alternativas son construidas como “no existentes”, quitándoseles todo crédito y valor social (Sousa Santos, 2006). La misión de la Economía Social y Solidaria, en tanto disciplina crítica, consiste precisamente en rescatar estas experiencias embrionarias y potenciarlas, ampliando y enriqueciendo la realidad social del campo económico y ensayando otros futuros posibles.
Buena parte de esta disputa consiste en resignificar el rol y el sentido del trabajo en tanto actividad humana primordial. El trabajo es una de las formas fundamentales de vinculación del hombre con la naturaleza y con sus semejantes, es una actividad social por excelencia. Mediante el trabajo el hombre modifica la realidad que lo circunda, crea un mundo a su imagen y semejanza, se apropia de la naturaleza y le da una forma acorde a sus intenciones. Al transformar la naturaleza, que en un principio se le contrapone como un mundo extraño, ésta se transforma en una manifestación de su propia actividad. Para ello, necesita de la colaboración de sus semejantes, debe entablar relaciones sociales. Con ello el hombre no sólo se apropia del mundo exterior sensible, también reconoce en él a un producto de su trabajo, se reconoce a sí mismo como actor en el mundo y al mundo como resultado de su acción. Bajo el capitalismo, sin embargo, el trabajo asume una forma social particular: se convierte en una “mercancía ficticia” (Polanyi, 2007) productora de plusvalía (Mandel, 1973; Marcuse, 1972, Rubin, 1974). El trabajo en el capitalismo se transforma en una actividad que no está sujeta a la voluntad del trabajador: es subordinado a los mandatos del capital y a los objetivos de maximización de los beneficios. El carácter forzado del trabajo, su organización en función a intereses ajenos a las necesidades de los trabajadores, es el factor que otorga a la actividad laboral su cualidad enajenante (Marcuse, 1972). Dicha condición del trabajo humano ha requerido a lo largo de la historia un proceso continuo y siempre repetido de sometimiento y expropiación de los trabajadores, desde los orígenes del capitalismo hasta nuestros días (Dobb, 1972; Marx, 1998; Polanyi, 2007).
El cuestionamiento de estas formas y finalidades del trabajo humano no es una tarea sencilla. Las experiencias recientes de autogestión han dado cuenta de las dificultades que encuentran los trabajadores para crear espacios alternativos de sociabilidad laboral. La reversión de prácticas y hábitos incorporados, así como la creación de modalidades de gestión y producción democráticas, aparecen como desafíos permanentes de estas iniciativas (Tiriba, 2007; Peixoto de Alburquerque, 2004). Las principales amenazas emergen de un contexto fuertemente hostil, compuesto por un mercado capitalista que impone sus reglas de competencia y maximización del lucro, así como un Estado incapaz de crear figuras legales, impositivas y comerciales que reconozcan las singularidades de estas experiencias. El caso de la empresas recuperadas ha sido ejemplificador, mostrando tanto las capacidades de innovación que poseen los trabajadores en la creación de modelos de gestión y decisión colectivos (Fernández Álvarez, 2004; Fajn y Rebón, 2005); como las dificultades y tensiones que las atraviesan, reflejadas en la reaparición de relaciones asimétricas y situaciones conflictivas en torno a las jerarquías, las remuneraciones o las responsabilidades (Fernández et al, 2008; Bialakowsky et al, 2004). De igual forma, el futuro de las experiencias autogestivas no es ajeno a la resignificación de términos con una fuerte carga valorativa, como eficiencia (Gaiger, 2004a) o sostenibilidad (Coraggio, 2005b; Alves de Carvalho, 2004), que usualmente constituyen parámetros para evaluar los resultados y la viabilidad de estas prácticas.
Finalmente, los caminos en la construcción de una Economía Social y Solidaria no son ajenos a la política (Coraggio, 2005a), a las alternativas emergentes desde los sectores populares (Thwaites Rey, 2004; Mazzeo, 2005) y al debate sobre el rol potencial que puede jugar el Estado en ese proceso (Coraggio, 2005a y 2005b; Thwaites Rey, 2004; Mazzeo, 2005). Estos interrogantes cuestionan los planteos que ven en la economía una esfera autónoma regulada según sus propias reglas y demandan una redefinición del vínculo entre política, economía y sociedad. El tal sentido, pensar y proyectar otra economía supone necesariamente un cuestionamiento político del orden económico actual, el desarrollo de una estrategia política y la construcción de un sujeto colectivo capaz de encarnarla (Coraggio, 2005a). Sin embargo, el debate no ha logrado alcanzar un consenso sobre la relación entre los fines y los medios del cambio social deseado. En buena medida, la discusión ha girado en torno al papel del Estado. Algunas posturas ven en un Estado en transición o reformado un actor importante para la consolidación y extensión de las prácticas económicas solidarias y la mutación de las estructuras sociales. Otras miradas rechazan la figura estatal, reducen las posibilidades de lograr cambios profundos en su lógica social y descartan la necesidad de su intervención en los procesos económicos para lograr cambios radicales. Estas discusiones resultan especialmente relevantes en un contexto como el actual donde, desde las esferas gubernamentales, se diseñan e implementan políticas que toman a la Economía Social y Solidaria como paradigma orientador de políticas públicas y programas de desarrollo social (Coraggio, 2005b; Haddad y Lampreabe, 2007; Hintze y Deux Marzi, 2008; Merlinsky y Rofman, 2004; Roffler y Rebon, 2006; Scala, 2008). La discusión de los principios que inspiran estas medidas de gobierno, las formas que finalmente han asumido durante su aplicación, la relación entre políticas sociales y políticas económicas, así como los logros y resultados alcanzados hasta el momento, constituyen una fuente empírica importante para la reflexión sobre las formas de intervención estatal y su rol en la construcción de una Economía Social y Solidaria.
EL CLUB DE AYUDA MUTUA
En el club de ayuda mutua trabajamos codo con codo insistentemente y fomentamos lazos de confianza, con honestidad, solidaridad y valores compartidos.
Hoy, las finanzas éticas son ya un fenómeno de alcance mundial que basa su fuerza en su sencillez: algo tan simple como incorporar explícitamente la ética en las decisiones diarias de ahorro e inversión puede tener un gran efecto transformador.
Siendo emprendedores sociales creamos oportunidades para ayudar a insertar económica y socialmente a la comunidad toda, para ello estamos impulsando un cambio de mentalidad y actitud, que ayude a llegar a un desarrollo comunitario sostenible, creando redes sociales de cooperación entre asociados.
Nuestro reto es crear unas estructuras económicas solidarias no excluyentes, no especulativas, donde la persona y el entorno sean el eje, el fin y no el medio para conseguir unas condiciones dignas para todas las personas.
La solidaridad, la cooperación y la reciprocidad son fuerzas económicas efectivamente existentes en la realidad social.
A nadie se le escapa que estamos inmersos en la recesión, la arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes, es hora de abrir los ojos. ¿Queremos más de lo mismo o buscamos una alternativa? decididamente conviene centrarse en la necesidad de hacer reformas.
Nuestro club de ayuda mutua opera desde Fuengirola, Málaga, España con presentaciones y reuniones programadas, si usted desea participar y tener información de primera mano en nuestro centro contacte con:
malarinocarlos@gmail.com
EL CLUB DE AYUDA MUTUA
EL CLUB DE AYUDA MUTUA ES UNA PLATAFORMA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL ALGO INÉDITO Y NUNCA HECHO
SOMOS EMPRENDEDORES SOCIALES. Y CAPACES DE GENERAR ENERGÍA Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL EFECTIVA YA QUE AMPLIAMOS EL MUNDO DE LAS OPORTUNIDADES
HEMOS DESARROLLADO ESTE CLUB DE AYUDA MUTUA PENSANDO EN TODAS LAS PERSONAS QUE ESTÁN QUERIENDO OBTENER BENEFICIOS Y CREAR RIQUEZA, SEAN NACIONALES O FORÁNEOS.
HACER DE LA ECONOMÍA UN LUGAR PARA TODOS, AUMENTAR LOS INGRESOS Y REDUCIR LA POBREZA, YA QUE VIVIMOS EN UNA ECONOMÍA DE GUERRA, PERO LA GUERRA ES CONTRA NOSOTROS, POR ESO DEBEMOS APOSTAR A LA IMAGINACIÓN.
ESTAMOS ABRIENDO UNA VENTANA ÚNICA DE OPORTUNIDADES INÉDITAS Y ES IMPRESCINDIBLE ARTICULAR MILES DE ACCIONES TRANSFORMADORAS, HAY QUE CREAR Y LLEVAR A CABO IDEAS IMAGINATIVAS QUE VAYAN POR EL CAMINO DE EN MEDIO, PROPONER ACCIONES MÁS OSADAS PARA VER UN SOSTENIDO DESARROLLO ECONÓMICO.
EL SISTEMA HA FRACASADO, NO RESPONDE A LAS NECESIDADES DE LA GENTE. DEBEMOS EXPANDIR LA AYUDA MUTUA PARA HACER UNA ECONOMÍA MÁS JUSTA Y HUMANA YA QUE OTRA ECONOMIA ES POSIBLE A TRAVÉS DEL DESARROLLO DE LA ECONOMIA SOLIDARIA.