El retrato de Dorian Gray
Por: Rafael Rodríguez Hernández
Escrita en 1890 por el autor irlandés Oscar Wilde, en plena época victoriana, esta novela es considerada sin duda alguna, uno de los grandes clásicos de la literatura universal, muy a pesar de la controversia que se desató a raíz de su publicación por los rasgos de homosexualidad hallados en sus personajes.
Entre lo real y lo fantástico, esta novela narra cómo un joven, atractivo y buen mozo, llamado Dorian Gray, luego de ser dibujado por un pintor (Basil Hallward) lanza una plegaria impulsada por el deseo de ser siempre bello y por las palabras hedonistas de lord Henry Wotton, para que sea el cuadro recién pintado y no él quien envejezca y pierda su belleza. Según lord Henry, “lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos”.
De una manera inexplicable los deseos del joven se ven cumplidos y la pintura empieza a sufrir los desgastes físicos que deberían acaecer sobre Dorian Gray tras llevar una vida libertina y pecaminosa.
Luego de su primera publicación “El retrato de Dorian Gray” sufrió fuertes ataques por parte de los críticos de la época victoriana, esto debido a la presencia en la obra del homoerotismo y del hedonismo, este último elemento es fuertemente reflejado en el personaje de lord Henry.
La novela está llena de elementos que sugieren un autor afectado de pasiones y tendencias hacia su mismo sexo; y más que esto, pone a la mujer en una esfera dentro de la cual coexisten las desgracias más apremiantes de todo hombre. La denigra de manera total al llamarla “esclava”, y al decir: “qué absoluto estancamiento intelectual revela”, en clara referencia a la capacidad del género femenino.
De una manera clara y desafiante la novela también se refiere al individuo americano con desdén y desprecio. Ve en éste un ser inferior y rebaja las hospitalarias tierras de América a la categoría del mismo infierno al decir que los americanos malos cuando mueren “se quedan en América”.
Sin embargo, el paganismo, el dandismo, la cultura, la estética, la belleza, y el artificio se unen y forman una amalgama de elementos que le da vida a esta fascinante historia, en la que también se descubre una rebeldía absoluta contra los principios de la sociedad británica de finales del siglo XIX.
Aunque sus personajes hablan más de lo que actúan, y muy a pesar de su estructura cargada de sucesos sensacionalistas y detalles decorativos, “El retrato de Dorian Gray” cobra su valor como género literario gracias a la clara definición de sus tres personajes (Basil, Dorian y Henry), los cuales recogen entre sí la personalidad de su autor. Fuente: Agencia de Autor

















